Ahora me voy centrar en los esfuerzos que los mismos ministros —ya sin convenio— hacen para no pisarse la manguera los unos a los otros. O, para ser más preciso, al bombardeo informativo con las reuniones entre ministros para atacar «conjuntamente» tal o cual problema.
Coordinado ya se viene desde casa. Jurar un cargo de ministro y sacarse fotos con los colegas cada vez que se sientan a «coordinarse» me parece no solo una pérdida de tiempo (o un exceso de protagonismo) sino una violación del juramento.
Cuando los esfuerzos de coordinación en el seno de un gobierno son muy visibles (y lo son los que reciben una exagerada publicidad) el mensaje que recibe el ciudadano es que los ministros no están lo suficientemente coordinados como para trabajar aceptablemente bien. La coordinación es como la miseria: Si existe, es mejor que no se note.
Paso ahora a examinar la coordinación del gobierno con otras administraciones; especialmente con la del gobierno nacional.
Cuando aparecen áreas y políticas para «coordinar», la impresión que tenemos todos es que cada vez hay más asuntos en los que las competencias de unos y otros no está clara. En un sistema federal bien diseñado no hay —no debe haber— instituciones superpuestas. Cada quien se ocupa de lo suyo.
Dicho esto, me parece superfluo que el Ministro de Seguridad del gobierno provincial coordine con su homóloga nacional un «trabajo interfuerzas». Las fuerzas de seguridad provinciales y las federales deben estar preparadas para trabajar conjuntamente, sin necesidad de que los ministros se sienten a acordar nada al respecto.
Sería absurdo pensar que cada fuerza tenga su propia base de datos y que no comparta la información, y que sea necesario firmar un convenio entre ministros para que la una se entere de lo que hace la otra.
Por otro lado, es contradictorio reclamar «una mirada federal» para luego sentarse en los innumerables «consejos federales» y poner en práctica una sola política uniforme en todo el país. ¿Acaso el federalismo no consiste, precisamente, en todo lo contrario?
Las reuniones cara a cara están muy bien; especialmente a la hora de sacarse las fotos. Pero la tan ansiada «articulación» se puede conseguir perfectamente con tres o cuatro mensajes de WhatsApp.
Dicho todo lo anterior, diré también que aunque los esfuerzos de coordinación son necesarios, es también necesaria la discreción para no hacer aparecer a los gobiernos como dispersos e inconexos.
Mucha coordinación es sinónimo de falta de agallas o de autoridad.