Mi factura de la luz, que llega puntualmente los 28 de cada mes, solo contiene cargos por la luz. Creo que a nadie por aquí se le ocurriría «aprovechar la volada» y meter en la boleta otras cosas que no fuera estrictamente la energía eléctrica.
Veamos:
Tanto la factura salteña como la mía vienen prolijamente adornadas con un cargo fijo mensual. En el caso nuestro, ese cargo fijo está relacionado con la potencia contratada (la factura de EDESA -al menos en la parte que se ve en la imagen- no dice a qué corresponde este cargo fijo).
En la factura salteña publicada esta mañana, la suma de los dos cargos fijos mensuales es de 413,61 pesos argentinos, que equivalen a la escandalosa cantidad de 0,38 euros (1 euro = 1100 pesos, aprox.).
Pues bien; el mismo cargo fijo mensual en mi factura es treinta veces más caro que en Salta (11,47 €). Sin dudas, un «golpe al bolsillo».
Pero, si nos fijamos en la energía consumida y el precio del kilovatio hora, que es lo que a muchos importa, la situación cambia un poco.
A este usuario de Salta le han cobrado dos precios diferentes: el más barato, 14,70 $; el más caro: 20,71 $. Estas cantidades equivalen, aproximadamente, a 0,013 y 0,019 euros, respectivamente.
Si bien el precio del Kwh en mi factura está dividido en tres franjas horarias (punta, llano y valle) y tiene valores distintos (todo un lío para los consumidores) lo cierto es que en el apartado «coste de la energía» figura el precio del Kwh a 0,101 euros, es decir, casi siete veces más que el promedio del Kwh en Salta, después del último «golpe al bolsillo».
Esta comparación me lleva en dos direcciones bien distintas: una, a pensar que aquí nos están afanando con la luz y engañando como a pichos, y otra, que los consumidores salteños deberían considerarse afortunados por pagar la luz a un precio tan asequible, a pesar del aumento. Lamentablemente, no puedo afirmar ninguna de las dos cosas: soy un simple consumidor de luz sin ningún conocimiento del comportamiento de los mercados mayoristas de energía.
Uluncha y Jarsún
Pero más que esta diferencia abismal de precio en materia de consumo eléctrico, lo que me ha llamado mucho la atención es la forma en que está facturado el consumo de agua en Salta.Por lo que se ve en la factura de la foto, el señor Uluncha y su compinche el señor Jarsún cobran por el consumo de agua sin expresar ni los metros cúbicos servidos ni el módulo de cálculo (al menos no se ve en esta parte de la factura).
Aquí, la factura de agua que yo le pago (en este caso, de forma bimestral) al malquerido Canal de Isabel II, informa religiosamente sobre los metros cúbicos que han discurrido por mis cañerías en los dos meses pasados. Uluncha, por el contrario, se guarda el dato y provoca indefensión en los consumidores.
No he podido evitar darme cuenta que el desafortunado usuario salteño que prestó su factura para que la fotografiara El Tribuno paga un 60% más de agua que de luz (5.300 frente a 3.300).
Salvo que esta persona tenga un lavadero de coches o que bañe cinco veces por día al perro, lo normal es pagar por el agua menos que por la luz. En mi caso, aproximadamente un 50% menos.
Lo que de verdad me gustaría es que EDESA le enviara a Jarsún a su casa una factura «flexible y multipropósito» con un cargo mensual que dijera: «Multa de la doctora Mosmann: 35 millones de pesos». Y si no la paga, que le corten la luz, o que un fiscal le inicie una averiguación preliminar por desobediencia judicial.
Solo faltaría que EDESA, en su infinita generosidad, acceda a cobrar con sus irresistibles facturas el estacionamiento medido, la nafta infinia, las empanadas de charqui, el recibo de Netflix y, para los nostálgicos de las telenovelas chilenas, las viejas facturas de Gold Vision. Todo, por supuesto, sin dejarle ninguna opción al consumidor.
Pienso que EDESA debería instrumentar también un «plan piloto de oralidad», para que, en vez de enviar facturas impresas por correo al domicilio de los usuarios (con el coste medioambiental que supone), en las casas de los sufridos clientes se persone un pregón para anunciarle al infortunado, de viva voz, que este mes va a tener que comer frangollo.