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  • Pragmatismo con resultados diferentes
  • Los profundos cambios que ha experimentado el gobierno del país desde 2011 en adelante no solo demuestran la inmadurez de nuestra tan celebrada democracia, sino también la inconsistencia de los liderazgos y la desmedida influencia del pensamiento ideológico, en desmedro del compromiso político.
Romero, Sáenz y Urtubey
Romero, Sáenz y Urtubey

Pragmáticos a más no poder, los dos últimos gobernadores de Salta (Juan Manuel Urtubey y Gustavo Sáenz), cada uno a su modo, con sus propios argumentos y estrategias, se han visto en algún momento atrapados en la telaraña del poder nacional y engullidos por el vórtice de las opciones ideológicas irreductibles. Con una suerte muy dispar.



La diferencia fundamental entre los dos no estriba tanto en las malas decisiones de Urtubey en 2015, 2019 y 2023, y en las buenas de Sáenz en las mismas contiendas electorales. La diferencia más bien está en el hecho de que el actual Gobernador de Salta jamás se planteó -como sí lo hizo su antecesor- «aparecer como el más listo de los salteños», como el «logrado», el que estaba «mucho más allá» de la Provincia que lo ungió Gobernador en 2007 y a años luz de los «boludos» que alguna vez lo aplaudieron.

A diferencia de Saénz, y probablemente cansado de que se identificara a su figura con el «interior profundo», Urtubey abandonó el salteñismo, aunque sin renegar abiertamente de él, como lo hizo con la religión en la que se formó y con sus convicciones antiabortistas, entre otros giros copernicanos. El exgobernador saltó a los platós de la televisión y desplegó una carísima campaña de imagen «nacional» que -paradójicamente- terminaron pagando aquellos de los que se avergonzaba.

Sáenz, por el contrario no ha dejado en ningún momento de ejercer de salteño todos los días un poco más, sin complejos periféricos ni de ninguna otra naturaleza. Desde este punto de vista, Sáenz sigue presentándose ante sus gobernados como un político fiel a sus orígenes y respetuoso de sus principios. Ser salteño, para él, es su forma de ser argentino y de preocuparse por los problemas del conjunto del país.

Aunque parte de sus decisiones se puedan criticar (su desesperado apoyo a Sergio Massa, la incorporación a su gabinete de dos ministros «extrapartidarios» sumamente discutidos, o la propuesta como jueza de la Corte de Justicia de una persona que según la Constitución reformada no puede ya ejercer ese cargo, por solo poner algunos ejemplos), no se puede negar que el «salteñismo» de Gustavo Sáenz le ha reportado unos estupendos resultados, personales y políticos.

En 2015, cuando asumió como Intendente de la ciudad de Salta, Sáenz fue capaz de romper el cerco maléfico con el que Urtubey pretendió aislarlo del mundo, atando acuerdos y complicidades con el macrismo, que un poco más tarde le ayudaron a conquistar el cargo de Gobernador de Salta en 2019 (aunque él luego lo haya negado).

A Urtubey, en cambio, no le alcanzó con haber hundido a Daniel Scioli en 2015, con haber sido un lastre para el veterano Roberto Lavagna en 2019, o con haberle impartido su envenenada bendición a Sergio Massa en 2023. Frecuentó a políticos inteligentes como Juan Schiaretti o Florencio Randazzo (por solo citar a dos) que rápidamente se dieron cuenta de su innata inconsistencia y lo dejaron de lado.

Desde el pasado 19 de noviembre, cuando Javier Milei conquistó en las urnas la Presidencia de la Nación, la posición de Gustavo Sáenz se ha vuelto muy difícil, por no hablar de la de Urtubey.

Pero, una vez más, Sáenz está jugando sus cartas con inteligencia y con visión de conjunto; mientras que Urtubey sigue empeñado en dar vueltas en círculo intentando reflotar esa imagen tan mala de un político que no despierta confianza y que, al contrario, en cada aparición pública, en cada artículo que publica, deja entrever aquella inconsistencia fatal que lo apartó -esperemos que momentáneamente- de la arena nacional que tanto le fascina.

Sáenz no necesita tocar timbres en Buenos Aires, no necesita peregrinar por los estudios de televisión. No lo ha necesitado antes (cuando no era Gobernador) y no lo necesita ahora. Sáenz emplea un discurso directo, despojado de tics doctorales y, desde luego, alejado de la pedantería de los que hablan de la «lógica» de esto y de aquello para referirse a realidades muy simples.

Hoy, a dos semanas exactas del estreno del nuevo gobierno de Milei, Sáenz parece haber encontrado su lugar. Y no solo el suyo: también parece haber encontrado el lugar de Salta en un mapa argentino muy mal cosido. Urtubey, por el contrario, sigue navegando sin brújula en aguas procelosas.

No sabemos -nadie lo sabe- si Sáenz acertará o no con su arriesgada apuesta. No es fácil apoyar todo lo que Milei y su gobierno han puesto sobre la mesa. Pero lo importante es que Sáenz está donde él cree que tiene que estar.

Urtubey, por el contrario, «ni está, ni se le espera».



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