No hay nada de malo en que alguien, libremente o mal aconsejada, decida seguir los peores ejemplos que puede encontrar. Cada quien elige, como buenamente puede o Dios lo ayuda, la mejor forma de cavarse la fosa.
CREEMOS EN LA INNOVACIÓN Y COOPERACIÓN GUBERNAMENTAL
— Bettina Romero (@RomeroBettina) November 8, 2023
Tenemos la voluntad, la capacidad y toda la posibilidad de transferir conocimientos a otros municipios.
Siempre estaremos del lado de la generosidad, la responsabilidad y el acompañamiento entre los gobiernos a favor de los… pic.twitter.com/Q4RXkISEPs
Lo que sí parece cuestionable es que la Intendenta, que ejerce de espejo para que otras menos afortunadas que ellas se miren en él, hable de «transferencia de capacidades», como si ella estuviera en posesión de alguna.
Si algo ha demostrado Bettina Romero Marcuzzi en los últimos cuatro años esto es una clamorosa falta de capacidad.
Solo en el último año, esta ausencia vitamínica se ha puesto de manifiesto en la escandalosa ratio entre los millones invertidos en su última y fracasada campaña electoral y el escaso número de votos que ha obtenido, que no han sido suficientes para conseguir que la reelijan en el cargo.
La «capacitadora» hoy juega a las escondidas con su sucesor (el que le ganó las elecciones) y enfrenta una dura censura popular por su falta de acierto en casi todo; no solo en las carísimas y opacas obras de la Plaza 9 Julio, sino también en el estado general de las calles, el clima laboral en el centro cívico o el estado de las finanzas municipales, sin contar con el rechazo que provocan sus presuntamente refinados tics de princesa del subdesarrollo altoperuano.
Aprender, lógicamente se puede aprender de ella, pero la superficialidad es algo que no precisa de lecciones para que a alguien se le pegue. Probablemente, el futuro inmediato de la todavía Intendenta Municipal de la ciudad de Salta consista en montar una academia online para enseñar a intendentes despistados cómo arruinar el tejido urbano en tres tardes, cómo perder las elecciones de una forma humillante y cómo sentarse a la mesa con los sindicalistas municipales vestida de Prada.