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  • Garantismo penal y humillación de los detenidos
  • La visita a Salta del sabio florentino ha sido recibida, como no podía ser de otra manera, con una gran algarabía por parte de jueces y expertos en Derecho, así como con una gran indiferencia de parte de la gente común, apabullada en estos días por el bombardeo de mensajes electorales agresivos.
Detenidos en Salta el 12 de mayo de 2023
Detenidos en Salta el 12 de mayo de 2023

Seguramente il maestro Luigi Ferrajoli habrá tenido ocasión de ver los muros de la ciudad tapizados de enormes carteles con la cara de los candidatos y las candidatas, pintarrajeados con leyendas y convertidos en testigos mudos de la degradación cívica, aunque sus ciceroni le hayan hecho circular solo por las zonas nobles de la ciudad, aquellas en las que apenas se notan los estragos de la pobreza, tanto en las personas como en el medio ambiente urbano.



Pero mientras el gran campeón del garantismo penal (ver su obra Diritto y Ragione, de 1989) compartía unas horas de su vida con los salteños, la Policía de Salta le rendía un inesperado homenaje con la difusión de una fotografía que documenta la detención de tres ciudadanos, acusados de «atemorizar» a los residentes en la zona sur de la capital provincial.

En esta foto (la penúltima de las filtraciones ilegales de la Policía a los medios de comunicación) se puede ver a tres personas encapuchadas, humilladas, esposadas con la manos en la espalda, tiradas en el suelo y boca abajo, para solaz y tranquilidad de los castigados vecinos de la zona sur de la ciudad, que han visto cómo -al fin- esos terroríficos maleantes mordían el polvo del suelo que los demás pisan.

Donde seguramente Ferrajoli no pasó ni por casualidad es por la Alcaidía General de la Provincia, absolutamente desbordada y fuera de cualquier estándar de Derechos Humanos, según lo ha denunciado el propio Comité Provincial contra la Tortura. Allí seguramente irán a dar con sus huesos (y no después del juicio, sino inmediatamente) los tres detenidos que aparecen en la foto en las peores condiciones posibles.

De haber estado el filósofo italiano al tanto de esta particular forma de proceder policial, seguramente se preguntaría para qué diablos escribió unas magníficas páginas contra la prisión preventiva. Y no solo eso: se preguntaría también por la sinceridad de los expertos salteños que dicen admirarlo hasta la veneración, porque se ve a la legua que el garantismo ferrajoliano ha llegado a los claustros pero no ha calado en la comisarías ni en los tribunales.


Don Luigi pensará seguramente que su recorrido por los teóricos de la modernidad, como Hobbes, Diderot, Voltaire, Condorcet, Bentham y el mismo Beccaria fue un ejercicio inútil, al menos en Salta, en donde muchos se han manifestado rendidos a sus pies. Todos aquellos clásicos, además de él, sostuvieron que la pena de prisión sólo se justifica después de haber probado en un juicio justo que el acusado ha cometido el delito por el que se le imputa.

Fue precisamente Ferrajoli quien nos enseñó que la institución de la prisión preventiva -sólo admitida por los clásicos en casos de necesidad extrema (para impedir que el acusado haga desaparecer pruebas, por ejemplo, pero sólo hasta el interrogatorio en donde dicho extremo es relevante)- se convirtió en un instrumento de prevención y de defensa social, basada en la presunción de peligrosidad del detenido, absolutamente contrario al principio liberal de la presunción de inocencia. Un candidato a diputado provincial en las elecciones de mañana, que antes fue juez y magistrado, y que poco antes de ser candidato fue jefe de los fiscales y de la Policía, se manifestó muchas veces partidario de la prisión preventiva como «castigo penal anticipado».

Fue Ferrajoli -el mismo que estuvo en Salta estos días- quien defendió con más brillantez lo que denominó un proceso sin prisión preventiva. «Esta contradicción en los términos que es la prisión sin juicio puede, al menos hasta la conclusión de la primera fase del proceso, ser suprimida. El imputado debe comparecer libre ante sus jueces, no sólo porque así se le asegura su dignidad de ciudadano presuntamente inocente, sino también -diría que sobre todo- por necesidad procesal: para mantener la igualdad de armas con la acusación; para que después del interrogatorio y antes de la audiencia definitiva pueda organizar eficazmente su defensa; para que la acusación no esté en condiciones de determinar el juego, construyendo acusaciones y urdiendo las pruebas a sus espaldas» (p. 570 de Diritto e Ragione).


Si supiera il maestro que en el 90 por cien de las sentencias condenatorias salteñas los jueces penales ordenan que el reo «siga» en prisión, se daría cuenta de que una mínima proporción de procesados por los tribunales penales de Salta afronta el juicio en libertad, por la extraña difusión entre nosotros de la doctrina del «riesgo procesal».

Fue Ferrajoli -el mismo que estuvo en Salta en estos días y que fue agasajado por jueces y expertos salteños- quien nos hizo ver que la idea del peligro de fuga es, en el fondo absurda, y que por sí sola nunca puede justificar la privación de la libertad de forma «preventiva». Dice nuestro ilustre visitante que «los incentivos para la fuga proceden, precisamente, de la existencia de la prisión preventiva; sin ella se desvanecerían en buena medida».

Y respecto a la destrucción de las pruebas -otro de los argumentos favoritos de los liberticidas salteños- el sabio florentino ha dicho que en el único supuesto que puede considerarse necesario evitarla, basta una detención de horas o unos pocos días (y podría ser arresto domiciliario) para llevar a cabo la instrucción al respecto y proceder de acuerdo con ella.

La próxima vez que nos visite un cerebro de la talla de Ferrajoli, por lo menos hagamos el esfuerzo de dar a los detenidos (presuntos inocentes siempre, aunque sean delincuentes conocidos) un trato más acorde a la superioridad moral del Estado. Porque si los tratamos como basuras humanas, solo estaremos demostrando que quienes dicen aplicar la ley, en el fondo, son tanto o más inmorales que los propios delincuentes.



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