Esta pequeña localidad lucense se ha convertido en noticia nacional y europea a causa de que su alcalde, el señor Julio Gallego Moure, del Partido Socialista Obrero Español, que gobierna desde 2007 (enlazando cuatro periodos consecutivos), anunció que deja el cargo y la política, y que su hijo Miguel Gallego, de 25 años, será candidato a sucederle en las próximas elecciones de mayo, pero no por el PSOE sino por su archiadversario el PP.
La noticia ha causado revuelo, no tanto por el largo tiempo que el señor Gallego (padre) fue alcalde, ni por la estrecha sucesión familiar, sino más bien por el hecho de que el hijo presentará su candidatura por un partido muy diferente al del padre.
Pero lo que sorprende a los españoles, y a muchos europeos, es una situación normal en Salta, en donde, desde hace muchos años, nos hemos especializado en agitar un cóctel explosivo compuesto por los siguientes ingredientes:
1) Largos desempeños y mandatos consecutivos
2) Coloridas y sentimentales sucesiones entre padres, hijos y demás parientes
3) Cambios de partido en una y otra dirección
Es decir que si Salta, en lugar de estar en el fértil valle de Lerma estuviera en el menos fértil valle del Tiétar, sus fantasiosas construcciones políticas estarían hoy en la primera plana de los diarios europeos.
Los afiliados se enteran al final
Ayer mismo se ha sabido en Salta que el Partido Renovador -que según fuentes más o menos solventes integra esa coalición sin ideología que se llama «Avancemos»- ha anudado un pacto con el candidato a Intendente Municipal Emiliano Durand, del «espacio» al que pertenece el gobernador Gustavo Sáenz, enfrentado «a muerte» con la novedosa «Avancemos» y criticado sin piedad por los principales dirigentes de esta coalición.Que Durand sea candidato del PRS a la Intendencia Municipal de Salta es como si el centrodelantero de Boca, a punto de marcar para su equipo, se diera media vuelta en el área, se quitara la «playera» auriazul en su alocada carrera hacia el área contraria y le metiera un gol a su propio arquero.
De no ser porque el PRS está en Salta, esta sería la hora en que los diarios estarían destacando el «pequeño detalle» de que el pacto con Durand fue resuelto por dos o tres personas y que en las próximas horas tal pacto será «comunicado» a los afiliados, que por supuesto no tendrán ocasión de oponerse.
El afiliado renovador de Salta no tiene la posibilidad de oponerse. Pero ¿es esto un problema?
Sin dudas que podría ser un problema en cualquier otro lugar que no fuese Salta, pues aquí sería absurdo oponerse a nada. Cualquier afiliado al PRS, hasta el menos avispado, que no estuviese de acuerdo con llevar a Durand como candidato a Intendente, sabe que puede ir a tocar la puerta del Partido Obrero, bien para apoyar a sus candidatos, bien para ser ellos mismos candidatos por el partido trotskista de Salta. Es decir, militantes del partido creado en el crepúsculo de la dictadura militar y salido de sus entrañas, aliados con piqueteros, cortadores de rutas y docentes «autoconvocados».
El co-working partidario
En Salta, los partidos no confrontan sino que cooperan entre sí, y no solo a través del préstamo de dirigentes y candidatos. Ya no existen, por ejemplo, las unidades básicas, los comités, las casas del pueblo, ni cosas parecidas. Ahora, un mismo local puede servir para albergar actividades de las más variadas. El principio es: «si no hay contradicciones ideológicas ¿por qué tendríamos que inventarnos enojosas juridicciones edilicias?»Por ejemplo, si usted llega a las 8.35 para afiliarse al Partido Justicialista le dirán que vuelva a las 17, porque entre las 8 y 10 allí funciona la Unión Cívica Radical, entre las 10 y las 12 el Partido para la Victoria, entre las 12 y las 15 el club Sportivo Comercio, entre las 15 y las 17 el Partido Renovador y que a partir de las 19 se venden maicenas. Recuerde que desde las 21 en adelante en el multicolor «shopping» partidario se colocan vacunas para la gripe.
Si hay un lugar en el mundo que pueda presumir de convivencia democrática, ese es Salta.
Cuesta abajo sin vergüenza ni dolor
Quizá lo más grave no sea que el sistema político salteño haya borrado definitivamente la necesaria frontera entre partidos, permitiendo el salto alegre de afiliados y dirigentes de un lado al otro (y normalizando así el transfuguismo), sino que nuestras prácticas hayan derogado de facto la letra del tango «Cuesta abajo», en aquella parte que habla de «la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser».Ya nadie experimenta vergüenza por «haber sido» (ni dolor por ya no ser); no solo porque alguien nunca antes «fue» del todo, sino porque casi todos de los que se van «siguen siendo» lo que no «fueron», y así como nadie les pide ni les pedirá cuentas por irse, cuando regresen nadie les reprochará nada «por haberse ido». Es decir que los salteños, para disgusto y sonrojo de Aristóteles, Galileo, Newton y Einstein, hemos inventado el «movimiento quieto perpetuo».
Dirigentes como el señor Jorge Guaymás, eterna esperanza blanca de la clase obrera salteña, apoyará en las próximas elecciones al candidato exactamente contrario al que apoyó en las anteriores. Y lo mejor es que no pasa nada porque lo haga, puesto que el ADN del político salteño contiene unos nucleótidos «no binarios» que permiten la permanente «autopercepción», de modo que un día se puede defender que la Tierra es redonda y al día siguiente afirmar, con idéntica convicción que la Tierra es plana. En Salta hemos inventado al político total transgender.
Por eso es que el hecho de que dentro de una misma familia de alcaldes gallegos cuasivitalicios uno de ellos decida ir por el partido exactamente opuesto al de su padre, puede sorprender a muchos europeos incrédulos, a muchos gallegos que lo ven todo blanco o todo negro, pero jamás sorprenderá a los salteños, campeones mundiales de los matices, que somos los padres del invento, y que de traiciones, saltos copernicanos, de abuelos ilustrísimos muertos por la patria y demócratas de cartón piedra sabemos un montón y podemos dar clases gratuitas a través de Zoom a todo el mundo.
