Así como los jugadores decidieron dejar descansar «por toda la eternidad» a Don Diego y a la Tota, correspondería que le diésemos un descanso a los ingleses, tan denostados por nosotros en el cántico «¡El que no salta es un inglés!».
Por si alguna duda quedaba del respeto deportivo de los ingleses hacia el fútbol argentino, hemos asistido en los últimos días al espectáculo de la apoteósica recepción a los campeones del mundo que juegan en la Premier League (Emiliano Martínez, Julián Álvarez, Alexis McAllister, Lisandro Martínez y Cristian Romero).
Todos ellos han sido recibidos como héroes y con grandes manifestaciones de júbilo, en sus clubes, por sus compañeros y por la afición en los estadios.
El mismo Lionel Messi fue objeto de una bienvenida bastante discreta en el Paris Saint-Germain, aunque en su caso el poco entusiasmo local se justifica porque Francia fue derrotada en la final.
Va siendo hora de que, con permiso del rencoroso Peter Shilton, nos reconciliemos con quienes nos enseñaron a jugar al fútbol y hablan maravillas de nuestros jugadores, a través de voces autorizadas como las de Gary Lineker, Alan Shearer, Rio Ferdinand o Wayne Rooney.
Ya podríamos aprovechar que somos campeones del mundo para dejar aparcada la xenofobia y reconocer con generosidad y amplitud de criterio que en ese mundo que nos admira y nos aplaude también se juega buen fútbol y nacen jugadores excepcionales.