Representantes de las 197 delegaciones asistentes han aprobado finalmente el llamado Pacto del Clima de Glasgow, un texto que recalca la necesidad de limitar el aumento de las temperaturas a 1,5 grados, aun reconociendo que los compromisos están todavía lejos de poder lograrlo.
La cumbre acabó con un forcejeo lingüístico propiciado a última hora por China y por India, primero y tercero en el ranking mundial de emisiones, que reclamaron (y lograron) la sustitución de «eliminación progresiva» (phase out) por «reducción progresiva» (phase down) en la polémica referencia al carbón y los combustibles fósiles.
El propio presidente de la COP26, Alok Sharma, reconoció que pese a su «imperfección», el texto logró al final «el consenso y el apoyo» necesarios para cerrar la cumbre con una sensación de misión cumplida, después de unas horas de caos e incertidumbre que hicieron peligrar las negociaciones.
Sin embargo, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha vuelto a advertir que el mundo sigue estando a las puertas de una «catástrofe climática». En un comunicado, afirmó que la COP26 ha dado «pasos hacia adelante que son bienvenidos, pero no son suficientes» y afirmó es un compromiso «lleno de contradicciones».
El texto aprobado reconoce que el aumento de las temperaturas es ya de 1,1 grados con respecto a la era preindustrial y recuerda cómo las emisiones deberían reducirse un 45% en el 2030 para no superar el listón de 1,5 grados a finales de siglo, según la recomendación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).
Kerry ha dicho que «estamos ante un buen y poderoso comunicado final» y ha convocado a los países a unir fuerzas por las futuras generaciones.
La última jornada estuvo principalmente marcada durante horas por las fricciones entre el norte y el sur por cuenta de la financiación de los «daños y pérdidas» causados ya por el cambio climático. Los países vulnerables pedían más que un vago compromiso de «diálogo» ofrecido por los países desarrollados, temeroros de abrir la caja de los truenos.
Los países vulnerables han dicho, por su parte, que no es posible seguir ofreciendo eternamente «diálogo». Algunos han apuntado hacia el Reino Unido como el principal responsable de la situación actual: «El país organizador de la COP26 recortó sus presupuesto de cooperación internacional y de ayuda a los países afectados por el cambio climático justo antes de esta cumbre, así que no tiene las suficiente credibilidad en la comunidad internacional», ha dicho Mohamed Adow, director del think tank Shift Africa.
Fuente: El Mundo


