Este criterio ha sido puesto de manifiesto, con alguna claridad, por uno de los coordinadores del gobierno de Gustavo Sáenz. Concretamente, por el coordinador de enlace y relaciones políticas, señor Pablo Outes Jiménez.
Es decir, que allí donde no hay un «mismo criterio» y tampoco una misma «visión de futuro», no hay diálogo.
Dialogar con quienes están de acuerdo con nosotros es facilísimo. Lo que con esta afirmación demuestra el coordinador del gobierno es su fascinación por lo fácil. Lo que se complica es mejor dejarlo para otro momento.
Outes salió de este modo al paso de las críticas que recibió el gobierno de parte de algún sector de la oposición por no haber sido invitado al acto de presentación del llamado «plan federal» del gobernador Sáenz.
Outes no dialoga con los que formulan «cuestionamientos personales»; solo lo hace con quienes sustentan «miradas políticas».
Pero ¿quién decide cuándo estamos ante un cuestionamiento personal y cuándo ante una «mirada» política? Por supuesto, el señor Outes. Y sustentar una «mirada política» no consiste en otra cosa que ponerse en una fila para que el Gobernador elija a los integrantes de su próximo «frente» electoral. El corto plazo otra vez posterga la solución de los problemas estructurales de Salta.
A renglón seguido, el coordinador del gobierno afirma: «Las puertas están abiertas». Pero ¿para quién? La respuesta nos la proporciona el propio señor Outes: abiertas para quienes «creo que tienen que estar en la política de Salta ahora y a futuro. Todos los sectores productivos».
Es decir que quien Outes cree que no deben estar, pues no estarán y aquí no habrá pasado nada.
El coordinador del gobierno dice «no tener problemas» con la oposición, pero él no ha visto «que sea una oposición constructiva». Es decir, es una oposición que a él no le gusta, porque -según dice- «no aporta al desarrollo de la Provincia». Nuevamente, quien decide si algo contribuye o no al desarrollo provincial es el señor Outes.
Nadie más. Sobre el veto a Cristina Fiore ha dicho: «Cristina Fiore estuvo participando del gobierno del doctor Urtubey durante 12 años, parece que hace dos años se acordó de esto».
Pero ¿qué nos puede decir Outes, por ejemplo, del señor Roberto Dib Ashur, de la señora Pamela Calletti o del señor Juan Pablo Rodríguez?, por no citar sino solo a tres de los cientos de urtubeystas recogidos por la generosa pala mecánica de Gustavo Sáenz. ¿Tampoco ellos se acuerdan de su participación en el gobierno de Urtubey?
«El gobernador llegó para mostrar otra impronta y el grupo político que lo acompaña también entiende que la política viene por otro lado». ¿Por qué lado? Por el que señala el señor Outes, pues otro «lado» es imposible que exista. O todos nos acomodamos a lo que él dice, o lo nuestro no es política de futuro sino simplemente atraso.
En realidad, si «mostrar otra impronta» es excluir a los opositores porque no nos gusta el tipo de oposición que están haciendo, en poco y en nada se diferencia el gobierno de Sáenz del que hicieron en su momento Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey. A ninguno de ellos les gustaba lo que tenían enfrente y pusieron todo su empeño en hacerlos desaparecer.
En la medida en que Outes expresa prácticamente lo mismo, nos aseguramos que los problemas de Salta no van a encontrar una solución política en democracia y que, si alguna solución aparece, esta vendrá de la mano del autoritarismo liberticida, que desconfía de las minorías hasta proclamar la necesidad de su aniquilamiento.
Esto no es «mostrar otra impronta», precisamente.
