Sobre la base de este diagnóstico tan poco alentador, la central obrera salteña ha creído oportuno «ponerse a disposición del gobierno», pues entiende que este es el momento de «ayudar al gobierno provincial a sobrellevar la crisis laboral y económica».
De todos modos, la oferta de «ayudar a sobrellevar la crisis» se antoja un poco mezquina, pues no se trata solamente de aguantar el chubasco sino de cooperar de forma activa para encontrar y poner en acción las soluciones que la economía de Salta necesita en estos momentos.
Entre las asignaturas pendientes del gobierno provincial en materia laboral, el líder sindical mencionó tres:
1) La reforma del Código Procesal Laboral,
2) el aumento del desempleo, medido por la cantidad de puestos de trabajo que se han perdido durante la crisis sanitaria, y
3) el aumento del trabajo informal o no registrado, que en Salta roza el 60% de total de los trabajadores empleados.
Frente a esta realidad tan dura, el secretario general de la CGT salteña ha pedido al gobernador Gustavo Sáenz “que no le tiemble la mano con los ministros que no funcionan”, en lo que constituye un abierto y en cierto modo inédito emplazamiento sindical a introducir cambios en el gobierno.
Rodas también se ha referido a lo que él considera una «falta de debate» entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, una forma bastante elegante de decir que la representación popular y territorial en la Legislatura provincial es solo un apéndice del gobierno, y no solo de su líder, sino -al parecer- también de esos ministros o asesores poco eficientes, señalados pero no identificados por el secretario general de la CGT.