Es el caso de un pequeño ladrón que ha sido condenado por la jueza señora Carolina Sanguedolce, de la Sala Tercera del Tribunal de Juicio de la ciudad de Salta.
Según el relato judicial, el hombre, de 29 años, fue sorprendido cuando intentaba robar un «juego de sanitarios», cuyo detalle no ha sido proporcionado por la autoridad judicial.
Lo hizo con tanta mala suerte, que unos vecinos advirtieron su «actitud sospechosa» y dieron aviso a la Policía, sin avisarle por supuesto al ladrón, que siguió tranquilamente con su trabajo de llevarse los enlozados.
Al ver llegar a los agentes -dice la información judicial- el ladrón intentó esconderse «detrás de un montículo de ripiosa». La expresión merece alguna aclaración, sobre todo para los que no están iniciados en el oficio de la albañilería.
Hay que tener cuidado con la palabra «ripio», pues en algunos países -como la República Dominicana- se utiliza el vocablo para llamar al miembro viril.
Entre nosotros, el ripio es una cantidad de piedra menuda que sirve para hacer hormigón y también como grava para afirmar los caminos.
Sin embargo, no está muy claro en qué consiste la «ripiosa», pues según el Diccionario esta palabra es un adjetivo y no un sustantivo. Se podría hablar, en consecuencia de «arena ripiosa» para referirse al conjunto de partículas desagregadas de las rocas, especialmente las silíceas, que suelen acumularse en la orilla de los ríos, que contienen, además, piedritas de tamaño muy pequeño.
