Aquel suceso se produjo durante una fiesta infantil, en la que, tras una discusión, Peloc y sus amigotes abrieron fuego de forma indiscriminada, matando a un joven de 24 años que, herido en el tórax, falleció horas más tarde en el Hospital San Bernardo.
A comienzos del pasado mes de feberero, agentes de la Unidad de Investigación UGAP localizaron al escurridizo Peloc —de 41 años— en la zona Oeste de la ciudad. Aunque intentó darse a la fuga, acabó siendo reducido y detenido en la vía pública.
La detención se produjo cuando la Policía vio a un hombre que respondía a la descripción del sospechoso prófugo circulando en una motocicleta sin matrícula. Durante el seguimiento, el individuo condujo a los investigadores hasta un domicilio ubicado en el loteo Tierra Mía, en la ruta n.º 99, en donde se dispuso una vigilancia discreta. Los agentes pidieron refuerzos al 911, y cuando Camboya advirtió la presencia del personal policial uniformado en torno a su guarida, escaló y saltó la medianera del fondo, cayendo como bolsa de papas a un terreno baldío, desde donde, a pesar de todo, emprendió una veloz fuga a pie (por no decir que lo hizo «de forma peatonal»).
Desde su detención, Camboya se hallaba depositado en pabellón A1 de la Alcaidía General de la ciudad de Salta. Pero el pasado, en torno a las 4.30 de la madrugada, el famoso preso se escapó junto a un compañero de andanzas llamado Jorge Miguel Ángel Fernández, quien, a diferencia de Peloc, fue atrapado pocas horas después.
La fuga de Camboya no habla bien tanto de sus habilidades profugitivas como mal lo hace de la seguridad de la Alcaidía y, en tal sentido, pone en serio entredicho la eficiencia de los controles (humanos y electrónicos) así como la pertinencia del diseño arquitectónico del lugar.