Así lo ha puesto de manifiesto un celoso y violento varón condenado a seis meses de prisión por agredir físicamente a su expareja, después de insultarla y dudar de su fidelidad.
El hombre celoso, de 59 años de edad, ha sido declarado por Longarte culpable de un delito de lesiones agravadas por la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género.
Aunque no ingresará efectivamente en la cárcel, durante dos años deberá abstenerse de ejercer actos de violencia física y psíquica en perjuicio de la mujer damnificada y no deberá cometer nuevo delito. Llamativamente, entre las reglas de conducta mencionadas en el información oficial de la Corte de Justicia no figura la orden de alejamiento.
Longarte ha ordenado que se le practique al imputado examen de ADN para su incorporación al banco de datos genéticos.
El condenado había sido denunciado por la que fue pareja, por un hecho ocurrido en septiembre del año pasado.
La mujer contó que una mañana cualquiera ambos se encontraban en la casa que compartían y comenzaron a discutir porque ella le comentó que viajaría a Cafayate para ver a sus padres, pero el hombre la acusó de estar engañándolo con otro.
Fue entonces cuando el ahora condenado sujetó fuertemente a su mujer y le espetó: «¡Te querés ir para ver a tu macho!». Acto seguido, le tiró de los pelos y le dio dos puñetazos en la cara.
La mujer denunciante dijo que ya antes había pasado por estas situaciones, pero que no había querido denunciar al hombre para no perjudicarlo en su trabajo.
Entre las medidas dispuestas por el juez tampoco figura un curso para «moderar los impulsos» o «respetar a las mujeres», aunque en este caso también habría sido procedente un taller sobre los atractivos turísticos de Cafayate, impartido por técnicos del ministerio correspondiente.
