A través de su cuenta de Twitter, el ministro nos ha regalado una bonita zamba, pero también nos ha permitido a los fijones conocer parte de la decoración de sus rincones domésticos favoritos.
En el esquinero se pueden ver incluso a unos pequeños «güemesitos» de cuerpo entero que su propietario parece haber encontrado dentro de un huevo de chocolate Kinder Sorpresa.
Es evidente que a su pasión por la historia y su devoción personal hacia el «héroe gaucho» nuestro funcionario añade una vocación casi obsesiva por el coleccionismo, como la que trastorna la vida de aquellas adolescentes (y no tan adolescentes) que tienen una habitación llena de muñecas Barbie en sus miles de manifestaciones (Barbie enfermera, Barbie bombera, Barbie barrendera, Barbie Mujer Maravilla, etc.).
La diferencia estriba en que las coleccionistas de muñecas suelen admitir que lo suyo es un trastorno serio y más de una ha decidido internarse en una clínica especializada.
En Salta, al parecer, coleccionar estatuas, figuritas y soldaditos de Güemes, lejos de ser considerada una patología psicológica, es el no va más del patriotismo de escala provincial. Quizá lo único que le falte al ministro es criar bonsáis de cebil colorado en pequeñas macetas de plástico.
Es una verdadera lástima que las psicólogas del Poder Judicial de Salta no disfruten de legitimación para actuar de oficio en caso de obsesiones iconográficas de esta magnitud, pero entre el «empoderamiento» y la «perspectiva», es imposible perder las esperanzas.