Así se desprende de la noticia -oficial del gobierno- que dice que la Fundación San Bernardo y «autoridades del nosocomio» [sic] persiguen el objetivo de «generar nuevos fondos para la compra de insumos».
No será un bingo cualquiera, por supuesto, sino uno intervenido y fiscalizado directamente por la autoridad pública que en Salta rige los juegos de azar y que preside don Aníbal Osvaldo Caro.
A él precisamente han recurrido los mandamases del hospital, en principio para «interiorizarlo» (una interiorización mínimamente invasiva) de los «proyectos aprobados por el organismo y las actividades futuras que se desarrollarán».
Es decir que esto no se detiene aquí, pues en el futuro, cuando pase el bingo, las cirugías laparoscópicas que se practiquen dependerán de la recaudación de los té canasta, las kermeses, las carreras de embolsados y las cédulas vendidas durante la Procesión del Milagro, que son probablemente alguna de las «actividades futuras» de las que habla el parte de prensa oficial.
Con el bingo anterior, la Fundación San Bernardo adquirió un ecógrafo de última generación, un vehículo para el traslado de profesionales que realizan atención domiciliaria de pacientes y la dotación de 10 sillones de hemoterapia para la atención de pacientes oncológicos. No se explica por qué motivo todos estos equipos no fueron comprados por el gobierno.
El señor Caro, como no podía ser de otra manera, se mostró encantado de trabajar codo a codo con el hospital, y, antes de exteriorizar su satisfacción, se «interiorizó» de los objetivos previstos en el nuevo bingo.
Si el gobernador Sáenz tuviese que decidir, debería cesar de inmediato al ministro Dib Ashur y poner en su lugar al señor Aníbal Caro, pues visto está que se consiguen más y mejores recursos públicos con un buen bingo que con la mejor recaudación de impuestos.
A la reunión asistieron el gerente del Hospital San Bernardo, señor Pablo Salomón, el coordinador general señor Fernando Martinis, el señor Sebastián Cristofari, tesorero de la fundación, y las señoras doña María del Carmen Salvio Vázquez y doña María Celina Costilla Núñez, de la Fundación del Hospital San Bernardo.