Si en vez de dejar al mando a Delcy Rodríguez y ratificar a la cúpula del chavismo, como ha hecho, Trump decidía respetar los últimos resultados electorales y honrar la decisión de los propios Estados Unidos de América de reconocer la legitimidad de Edmundo González Urrutia como presidente de la república, sus planes de «acceso total» se habrían visto frustrados.
Pongámoslo de este modo. Si una banda de delincuentes atraca un banco y toma cien rehenes, y si el jefe de la policía, en vez de estar interesado en liberar a los rehenes se muestra más interesado en hacerse con el dinero, la autoridad no vacilará en dejar que el banco siga bajo el control de los delincuentes. Una vuelta a la normalidad conspiraría contra los planes de hacerse con el dinero.
Cualquier mafioso que hubiera aprobado tres materias de la carrera lo sabe.
La instauración de un gobierno democrático y respetuoso de la ley en Venezuela tendría exactamente el mismo efecto. Ningún gobernante democrático, por más dócil que fuera a las indicaciones de un mandatario extranjero consentiría el expolio de sus recursos naturales o el control de sus infraestructuras.
La única forma de conseguir un propósito tan descarado como este es valerse de una dictadura que haga el trabajo por control remoto. Y eso precisamente es lo que está haciendo Donald Trump.
