Debajo de ellos malvivía una cantidad estimada entre 12 y 15 homless, que mantenían en vilo al vecindario con sus actividades nocturnas y el consumo de sustancias.
Al menos uno de los fisuras tenía antecedentes penales por delitos contra la propiedad, mientras que el resto fue detenido como presuntos autores de diversas contravenciones.
El desalojo —y posterior realojo— está relacionado también con el comienzo de la temporada de lluvias que, por lo general, provoca un considerable aumento del caudal que transporta el canal, por lo que la medida sirve también de protección para las personas que habitaban la parte inferior de los puentes en condiciones de higiene y seguridad muy precarias.

