Los fiscales salteños no tienen en carpeta acusar a ningún francés (por el momento), pero los parisinos están estudiando citar a declarar a varios salteños (entre ellos, un exgobernador) y pueden incluso llegar a detenerlos y pedir su enjuiciamiento (en Francia).
El caso es la señora BECCUAU emitió un duro comunicado en el que dice: «No daré más detalles, perjudica la investigación».
Comienza el comunicado diciendo «Condeno enérgicamente la divulgación precipitada de esta información por parte de personas bien informadas, sin tener en cuenta la investigación».
«Esta revelación solo puede socavar la labor investigativa del centenar de investigadores movilizados para buscar tanto las joyas robadas como a los autores. Es demasiado pronto para proporcionar más detalles».
Al enterarse los otros sospechosos —los que aún están en libertad— que sus secuaces (o presuntos secuaces) están entre rejas, seguramente tomarán precauciones para esconderse mejor. Esto precisamente es lo que lamenta BECCUAU de la filtración.
Ahora bien. Si esto hubiera sucedido en Salta (es decir, si un fiscal se niega a dar información por el riesgo que ello supone para el buen fin de la investigación), los periodistas en tropel señalarían con el dedo al o a la fiscal, lo acusarían de «hermetismo» y de «ocultación de información relevante».
Esto, por decir lo más suave, puesto que en Salta no falta quien, desde algunos micrófonos muy escupidos, acuse a los fiscales de «corruptos», «vendidos» y «encarcela-perejiles», mucho antes de que terminen de hacer su trabajo.
Si por algunos periodistas ansiosos e irresponsables de Salta fuera, las joyas de corona robadas en Francia y los autores del robo no serían jamás encontrados. Ellos lo quieren saber todo, hasta el color del calzoncillo del muerto cuando el cuerpo todavía está tibio.
Esta gente tan bien preparada presiona no solo a los fiscales sino a los responsables del aparato de prensa del Ministerio Público Fiscal, a quienes tratan de «colegas» (o intentar arrancarles información mediante el compadreo), ignorando que la función que desempeñan los comunicadores del MPF está estrictamente sujeta a la ley.
Harían muy bien los fiscales de Salta en «indignarse» y reaccionar «furiosamente» cuando se publican pormenores de la investigación que pueden comprometer su éxito. Y harían mejor algunos periodistas en aprender que con las investigaciones penales, la intimidad de las personas, el dolor de las familias y la presunción de inocencia no se juega.
