Sarkozy llegó a la prisión poco antes de la diez de la mañana, precedido por una aparatosa comitiva policial y abriéndose paso entre un muro de seguidores y periodistas apiñados a la entrada de La Santé.
«En el momento en que me a presto a flanquear los muros de La Santé, mis pensamientos están con Francia y con los franceses de todas las condiciones y todas las opiniones», ha añadido.
«No voy a pedir ninguna ventaja y ningún favor, tan solo que se escuche mi voz».
«No es un ex presidente de la República que está siendo encarcelado, es un hombre inocente». «Es un día funesto para Francia», declaró a las puertas de la prisión de La Santé el abogado de Sarkozy, Christophe Ingrain, que confirmó la presentación de un recurso contra la sentencia, acompañada de una demanda para su puesta en libertad.
Según Ingrain, Sarkozy puede permanecer en prisión en el mejor de los casos «como mínimo tres semanas o un mes». La familia al completo ha celebrado un acto de apoyo a la salida de su apartamento en el distrito 16 de París, antes de su partida hacia la prisión, donde tenía que ingresar antes de las diez de la mañana del martes. Su esposa, la hija de ambos, Giulia, y los tres hijos de sus dos anteriores matrimonios (Jean, Pierre y Louis) se sumaron a la emotiva despedida junto a un puñado de amigos.
A los gritos de «¡Nicolas, Nicolas, estamos contigo!», un centenar de seguidores aclamó al ex presidente ondeando banderas francesas antes de la partida de la comitiva rumbo a la cárcel de La Santé, construida en 1867 al sur del Sena.
En la larga lista de presos ilustres de la vetusta prisión figuran el militar Alfred Dreyfus, el poeta Apollinaire, el ex presidente argelino Ahmed Ben Bella y el ex presidente de la Generalitat Francesc Macià.
El ex presidente de 70 años cumplirá la condena de cinco años de cárcel por «asociación ilícita» en el caso de la conexión libia (el dinero desviado por acólitos de Muamar Gadafi, para su campaña del 2007).
Sarkozy podrá recurrir la sentencia de «ejecución inmediata» en el momento de ingresar en la cárcel.
Su traslado a La Santé, en donde estará en régimen de semiaislamiento, obligó a un gran despliegue de seguridad. Sarkozy ocupará una celda privada de nueve metros cuadrados y dispondrá de un televisor, nevera, radiador, escritorio y una cama, así como baño y ducha privados, con una ventana exterior con barrotes. La comida le será servida en su propia celda y dispondrá de una hora y media por la mañana y otro tanto por la tarde para hacer ejercicio o ir a la biblioteca. Las visitas de abogados, conocidos y familiares las recibirá en una sala habilitada en el mismo ala.
Durante los primeros días será sometido a una vigilancia reforzada para evaluar su estado psicológico y su adaptación al régimen carcelario. «Quieren hacerme desaparecer, pero todo esto me va a servir para renacer», declaró Sarkozy en su última entrevista en Le Figaro, en la que confesó que se llevará a la prisión El conde de Montecristo de Alejandro Dumas y la biografía de Jesús de Jean-Christian Petitfils.
«Mi vida es una novela», advirtió en el momento de anticipar que aprovechará el encierro para escribir un libro, a modo de desquite personal: «Ya sé cuál será el punto culminante».
En la copa de despedida a amigos, familiares y colaboradores, celebrada hace unos días en un salón en el Bois de Boulogne, proclamó con orgullo: «El final de la historia no está escrito».
Sarkozy se vio personalmente el viernes con el presidente Emmanuel Macron, que justificó así el encuentro: «Es normal que, a nivel humano, reciba a uno de mis predecesores en este contexto». Macron reiteró, sin embargo, su defensa de la independencia del poder judicial, tras las amenazas recibidas por los magistrados a raíz de la sentencia de cinco años para Sarkozy.
El ministro de Justicia, Gerald Darmanin, advirtió también que irá a visitarlo próximamente en la prisión. «Siento mucha tristeza por el presidente Sarkozy, de quien llegué a ser colaborador, y no puedo ser insensible ante la angustia de un hombre», alegó Darmanin, que aseguró visitar las cárceles francesas al menos tres veces por semana.
