En poco más de 8.000 km², viven 7 millones de madrileños que han convertido a la región en la locomotora de la economía española, superando desde hace años a Cataluña.
La prensa más superficial dice que en Madrid hay ahora un millón de personas de origen «latino», pero es que los españoles son también latinos y lo son desde que hablan una lengua derivada del latín, aunque se enfurezcan cuando en Hollywood dicen que Antonio Banderas o Javier Bardem son latinos.
Esta mañana, sin ir más lejos, vi salir de un centro comercial a una pareja con aspecto de perroflautas del río de la Plata llevando un termo bajo el brazo él y el mate con la bombilla ella. Hace cuarenta años atrás, un salteño que traía un kilo de yerba Taragüí fue sometido a un examen rectal completo pues los guardias civiles pensaron que trataba de marihuana.
Si por el consumo de mate fuera, «latino» sería también Antoine Griezmann, la estrella del Atlético de Madrid, que, influenciado por sus compañeros uruguayos, consume mate como si no hubiera mañana.
Lo cierto es que el millón de nacidos en Hispanoamérica (entre los que hay extranjeros y españoles) le han dado a la ciudad de Madrid un color especial; como la Sevilla de Los del Río, pero en Madrid.
Su presencia alegra las calles y sus actividades mercantiles y culturales están quitándole un poco la rigidez a ciertas costumbres castizas. Lo único que parece retrotraernos a décadas pasadas, es la incautación de hojas de coca en el barrio de Usera.
Todo lo bueno que aporta la variedad en la cultura y en los negocios se convierte sin embargo en una pesadilla en calles y carreteras, en donde los «latinos» (que conducen los Uber, los Cabify y las furgonetas de Amazon) se comportan como si estuviesen conduciendo por la avenida Julio Argentino San Millán de Cerrillos.
El inmigrante procedente de América disfruta aquí de algunas ventajas porque su integración suele ser más rápida que las de marroquíes y rumanos. Aunque Madrid no recluye a sus inmigrantes en guetos alejados y perimetrados, hay todavía -especialmente en las instituciones- algún resabio de supremacismo, más propio de la época del Consejo de Indias que de estos tiempos.
Un buen ejemplo de los efectos positivos de la mescolanza es el propio Atlético de Madrid, que marcha líder de una de las ligas más competitivas del mundo. El conjunto que entrena el Cholo Simeone (argentino) consiguió vencer en la última jornada al todopoderoso Barcelona, gracias a una formidable contra en la que intervinieron tres campeones del mundo (Julián Álvarez, Rodrigo de Paul y Nahuel Molina) y que fue rematada por un noruego (Alexander Sørloth).
Además de ellos, en el Aleti juegan los argentinos Ángel Correa, Giuliano Simeone y Juan Musso; los franceses Antoine Griezmann, Clement Lenglet, Thomas Lemar y Robin Le Normand, el uruguayo Josema Giménez, el belga Axel Witsel, el inglés Conor Gallagher, el brasileño Samu Lino, el esloveno Jan Oblak y el mozambiqueño Reinildo Mandava.
Completan este variado arco iris los españoles Marcos Llorente, Javi Galán, César Azpilcueta, Pablo Barrios, Rodrigo Riquelme y el capitán Koke Resurrección.
