Claro que no se trata de cuaresmillos ni de bombones de cayote con nuez, sino de servicios sexuales de niñas y adolescentes, que es un negocio ilegal y repugnante.
No hay mucha información fiable sobre el suceso (no se sabe, por ejemplo, si los chinos aceptaron o no la oferta) pero sí ha trascendido el fundamento económico de la inmoral transacción:
“A estos chinos, cuando las lleven a bailar, le tienen que sacar toda la guita, hagan lo que les pidan, porque estos están forrados en plata”.
Con estas poéticas palabras, el hombre detenido habría logrado convencer a las jovencitas de que entablaran relación con los asiáticos.
Si esto fuese cierto, la operación prostitucional en General Güemes adoptaría un modus operandi exactamente inverso al que contempla la política fiscal del gobierno.
Es un asunto muy curioso, porque el gobierno (especialmente el Ministro de Economía) también «hace todo lo que los chinos le piden», pero en vez de «sacarles toda la guita» se la perdonan. Y si no le damos guita encima, pega en el palo.
No solo eso: el gobierno deja que estas empresas contraten a trabajadores extranjeros sin permiso de trabajo o residencia; es decir, sin controlar si entre ellos no hay algún degenerado que, luego, en sus ratos de ocio, busque «chinitas tiernitas» entre las incautas y necesitadas güemenses.
La creencia popular es que estos señores «están forrados en plata»; pero, al parecer, solo lo están los que tienen los ojos rasgados y oblicuos, puesto que los obreros salteños que hacen exactamente el mismo trabajo que ellos, en la misma empresa, más de uno anda rasqueteando la olla.
Dicen algunas informaciones que los «chinos platudos» fueron conducidos a la comisaría, pero que no fueron detenidos, como el güemense de 44 años que ofrecía a las menores. ¿Por qué no fueron detenidos? Les tiene que haber pasado lo mismo que a esos otros asiáticos que aguaicaron a una pareja de salteños en un edificio céntrico porque les reclamaron que tenían la música alta, y la Policía ni siquiera les pestañeó.
En principio, según parece, ni unos ni otros fueron inquietados por la autoridad ya que esta tiene órdenes de no molestar a los que «traen riqueza» a nuestra Provincia. Y, si por lo que fuera, se diera el caso de que los detuvieran, a los canas de Güemes se les hace muy complicado tomarles declaración en chino. Más de un cabo recuerda que su examen de ingreso consitió en decir de corrido las vocales.
Digamos que para aceptar transacciones sexuales con menores de edad, los chinos son Cervantes, pero a la hora de declarar ante la Policía se hacen los distraídos como perro que ha volteao la olla.
¡Poderoso caballero es Don Dinero!

