Dice el gobierno que con este curso se «avanza» en el cumplimiento de la ley provincial 7856/14, que creó algo que por supuesto no funciona y que lleva el solemne nombre de «Red de Apoyo Sanitario Intercultural e Interinstitucional para Pueblos Originarios».
El artículo 2º de la norma obliga a los poderes públicos a “proveer los facilitadores interculturales bilingües necesarios para la cobertura de los hospitales, a efectos de permitir una adecuada armonización intercultural entre el sistema de salud y el paciente originario, garantizando su atención y contención”.
Nueve lenguas
Según información también oficial del gobierno de Salta, en el territorio provincial se hablan 9 lenguas indígenas: ava, guaraní, aymara, chané, chorote, chulupí, quechua, tapiete, toba/qom y wichí. Sin embargo, la información oficial no habla de multilingüismo.Por definición, un intérprete bilingüe maneja solo dos lenguas. Si, como dice la comunicación del gobierno, una de esas lenguas es el español, ¿cuál es la otra? ¿El inglés?
Podría el gobierno formar facilitadores bilingües en cada una de las nueve lenguas indígenas, pero tampoco esto se desprende de la comunicación oficial y realmente no tendría ningún sentido si se tiene en cuenta de que una importante mayoría de personas que hablan alguna de estas nueve lenguas hablan también (o al menos entienden) el idioma nacional.
Formar facilitadores bilingües solo en una lengua indígena y no hacerlo en las ocho restantes parece discriminatorio. Y caro, puesto que sería más barato y más eficiente enseñar a los indígenas a ser bilingües (es decir, instruirlos en su lengua nativa y en el castellano como segunda lengua) a través del sistema educativo (de las escuelas comunes) que gastar en la formación de «armonizadores socioculturales» solo para los hospitales.
«Garantizar una adecuada y equitativa atención médica a la población originaria» se consigue, básicamente, dispensando a los ciudadanos indígenas exactamente la misma atención que al resto de los enfermos.
Los traductores y los intérpretes en los hospitales pueden ayudar, efectivamente, a que el paciente se entienda mejor o más rápido con el médico, pero dudosamente conseguir que el médico los trate mejor o de una forma más «equitativa». Porque estaría bueno que un médico titulado y colegiado hiciera diferencias en la calidad de atención de sus pacientes por su origen étnico o por la lengua que hablan.
Si, efectivamente, lo que pretende el gobierno con la formación de facilitadores bilingües es fomentar «el respeto a los valores culturales y ancestrales» de los indígenas, no se debería esperar a que estén enfermos para respetar su lengua. El trabajo debe comenzar mucho antes, en la escuela, para que todos los ciudadanos sean capaces de expresarse y acceder a sus derechos en la lengua que elijan.