A quien debería preocupar esta sostenida campaña es a los otros ministros, pues tal parece que el aparato de prensa del Ministerio de Desarrollo Social, pagado por todos los contribuyentes salteños, está más dedicado a la imagen personal del ministro que a los asuntos que gestiona su cartera. Los otros ministros -excepto quizá el de Salud Pública- aparecen mucho menos en las noticias oficiales y, cuando lo hacen, son bastante más discretos.
Es un defecto muy generalizado el que los redactores de noticias de las instituciones públicas mencionen una y otra vez el nombre de su jefe y los dibujen como «supremos hacedores», como seres extraordinarios o elegidos, cuando no son más que personas normales que generalmente meten más la pata de lo que aciertan.
El caso de Mimessi es clamoroso: no lleva ni un mes como ministro y ya ha superado en «centímetros» a la mayoría de sus colegas; incluso a aquellos que llevan en el gobierno mucho más tiempo que él, como el discretísimo Martín de los Ríos, que si no fuera por el poncho, costaría saber que realmente existe.
El gobierno debe impartir directrices claras a los responsables de prensa de los diferentes ministerios, para que informen sobre lo que los ciudadanos necesitan saber y omitan la glorificación personal del ministro de turno.
Y aunque esto no se pudiera conseguir, sería un gran avance que el señor Mimessi dejara de sonreír en las fotos en las que aparece y demuestre que se toma las cosas con un poco más de seriedad.
