Sin el morbo que provocan, sin los golpes bajos y sin el lenguaje folletinesco que contienen sus noticias, apenas tendrían lectores, ya que su credibilidad viene cayendo en picado sin remedio desde hace por lo menos 25 años.
Algo tiene de lógico este comportamiento, pues mientras la cámara del teléfono está filmando, es muy difícil llamar a la Policía. Hay que elegir entre una aplicación y otra.
Pero la Policía de Salta tampoco puede quejarse mucho de que no la invitan a presenciar las trifulcas, porque hasta hace muy poco filtraba al diario El Tribuno los vídeos grabados con las cámaras de seguridad; unos vídeos que, como es de suponer, están superprotegidos en cuanto a la protección de datos personales y cuya utilización está restringida a los fines previstos en la ley, entre los que no se encuentra, de ningún modo, el de satisfacer la curiosidad periodística.
Tanto Apple como Google, en Cupertino y Mountain View, están trabajando para que sus sistemas operativos iOS y Android se descarguen en los teléfonos de Salta con una configuración especial que permitirá disparar llamadas automáticas al 911 cuando la cámara del dispositivo capte a humanoides propinándose mamporros en la calle o a alguien armado con un machete.
La misma funcionalidad permitiría que, al mismo tiempo que la Policía se entera del enfrentamiento entre «grupos antagónicos», el vídeo se transmita directamente a la web de El Tribuno, de modo que, incluso antes de que lleguen al lugar de la refriega los patrulleros, las ambulancias, los paramédicos -y, en su caso, la camilla de Pieve- la noticia de la pelea ya esté disponible online para esa amplia comunidad de lectores que tiene El Tribuno, un diario que jamás ha entorpecido ninguna actuación policial ni ninguna investigación judicial.


