Es decir que cuando el próximo domingo los salteños voten a sus representantes en la cámara baja del Congreso Nacional, no estarán aportando al sistema representativo que instaura nuestra Constitución, mediante la elección de quienes vayan a representarlos, sino que elegirán a un «hombre de Sáenz», un hombre con «hambre atroz».
Pero como ser «alto representante de Relaciones Internacionales del gobierno de Salta» no es algo que garantice el buen gusto y las refinadas formas de quien ejerce el cargo, a don San Millán se lo ha visto particular e inexplicablemente exaltado.
Según los especialistas, su excitación se podría justificar ante una audiencia de 25.000 personas, como mínimo. Pero delante de cinco gauchos, semejante derroche de adrenalina y testosterona se antoja un desperdicio, pues la misma energía se podría poner en la repatriación de salteños varados en Israel.
Durante su breve discurso ante la «multitud» que acudió a arropar a Outes en Rosario de la Frontera, saturando a unos rabiosos 120 (salió del COVID con sus pulmones reforzados) San Millán no se desprendió ni por un segundo de su campera, firmemente sujeta por su axila izquierda. Se comenta que dentro de ella lleva las claves nucleares del gobierno de Salta.
En tiempos de minería espacial, cualquier fantasía es posible.
