El pecado de 'mirar policías' es imperdonable, pero la culpa no es de la mujer ni de su agresor, sino del Ministro de Seguridad que contrata a agentes cada vez más jóvenes, musculados y atractivos.
Pero sin que haya cambiado mucho el perfil sociocultural de los uniformados, la tendencia moderna es a formar policías mucho más comprometidos con «lo estético» que sus antecesores, auténticos azafatos del tren fantasma y partidarios de sofisticadas técnicas para interrogar a los presos, como la del «submarino seco».
La información judicial no dice si la indignación del agresor se produjo por la sola mirada unilateral de la agredida hacia los policías o si estos entablaron con ella algún tipo de contacto visual. Lo más probable es que los canas -que al fin y al cabo son de carne y hueso- en vez de mirarla a los ojos, hayan dirigido su mirada hacia esas calzas tan pero tan apretadas, que la propia mujer debió ser «demorada» por los agentes.
Por tanto, para prevenir la violencia de género, el Ministro de Seguridad del gobierno de Salta, doctor Marcelo Domínguez, debería adoptar al menos estas dos medidas:
1) Contratar a policías cada vez más feos, y
2) Prohibir la venta de calzas.