Pero esa no ha sido la única decisión adoptada por el soberano en relación con el gobierno local de la capital de la Provincia: también han decidido que la candidata derrotada, la señora Bettina Romero Marcuzzi, pase a la oposición.
Pero la señora Romero no ejercerá la oposición al gobierno del señor Durand por dos motivos: uno inevitable y el otro, no tanto.
El primero de estos motivos es que la candidatura de la señora Romero no ha obtenido ni un solo concejal, de los 21 asientos que se hallaban en disputa.
El segundo es que la propia señora Romero ha decidido -a contrario de lo que han dicho los salteños- que no ha perdido las elecciones y que Durand (de quien dijo auténticas pestes antes y durante la pasada campaña electoral) representa lo mismo que ella, puesto que comparten «proyecto» bajo el ala generosa del gobernador Gustavo Sáenz, al que la derrotada dice reportar.
Su declinación, su retirada, su deserción no puede ser interpretada sino como un desprecio hacia la decisión soberana de los electores salteños de otorgarle la primera minoría. En un sistema presidencialista como el que rige en el ámbito municipal de Salta, el hecho de no haber obtenido ningún concejal no debe ser considerado un obstáculo para ejercer el liderazgo opositor.
La pelota está ahora sobre el tejado del electo intendente Emiliano Durand, puesto que si el ganador de las elecciones acepta de buena gana la interesada «convergencia» de la señora Romero y se pliega sin condiciones a su oportunista anuncio de ayer (una huída hacia adelante, en realidad), él también estará desoyendo el pronunciamiento popular y desvirtuando el resultado electoral.

