Esta vez, las medialunas no han sido de la partida. Tampoco han sido reemplazadas por empanadas o por sandwichs imperiales. Tal vez por la hora o por recato republicano, lo cierto es que los concejales han prescindido de las calorías y han elegido el agua y el mate cebado para apaciguar sus furores.
Al parecer los concejales disfrutan de algún tipo de excepción en esta materia, ya que, por lo que se ve, la disponibilidad de agua (incluida la del mate) es ilimitada.
Lo que no se sabe es si los concejales, después de hidratarse mejor que cualquiera de los vecinos de los barrios periféricos, no se han puesto a danzar alrededor de la mesa para pedir a la Pachamama que el Altísimo se digne a regar nuestros surcos más sedientos y que traiga, por fin, un poco de barro a esas calles que deberán esperar otros 80 años para ser pavimentadas.
O los concejales resuelven pronto esta complicada ecuación hídrica, o los vecinos del Barrio Unión tomarán por asalto el natatorio Nicolás Vitale y vaciarán la piscina a baldazo limpio.
