Los pormenores de este hecho han sido narrados prolijamente por el diario El Tribuno de Salta, que dice que la mujer agredida «no pudo reaccionar ni tampoco llamar al 911 porque no tiene teléfono».
A pesar de la inusitada gravedad de los hechos, el diario en cuestión ha escrito, con el lenguaje medieval que lo caracteriza, que «uno de sus efectivos tomó protagonismo por su cuestionable accionar».
Otro detalle curioso del suceso es que la mujer se podría dar en este momento por violada, de no ser porque a las 4.30 de la madrugada, un suboficial de la Policía «pasó por su vivienda para revisar que la custodia esté cumpliendo su tarea».
Es decir que el gobierno, además de gastar dinero en el control de las mujeres víctimas de violencia asignándoles un policía nocturno, tiene que contratar a otro policía para que controle al anterior. Y quién sabe si el controlador no tiene también otros controles por encima de él.
Evidentemente, el escolta personal de la mujer no estaba cumpliendo «su tarea», sino otra bien diferente.
El suboficial controlador -llamado Federico Guzmán- se cercioró de que la mujer no hubiera sido violada, pero el diario dice que una fuente informativa no identificada le que dijo «se habían encontrado fluidos del policía de custodia», aunque no evidencias de que se hubiera consumado una relación sexual.
La política del gobierno de asignar custodias personales a las mujeres es nefasta. No solo no disuade a los potenciales agresores, sino que en muchas ocasiones dispara los celos de estos y, en no pocos casos, terminan con enredos sentimentales o de otro tipo entre los custodios y sus custodiadas.