Lamentablemente, después de revisar muchos pasquines, solo he encontrado ajustes de cuentas con los que se van, e información muy superficial sobre los que vienen, cuando no una suerte de «ataques preventivos».
No me propongo llenar este hueco y destacarme aquí con una interpretación metafísica de los cambios. Esta tarea no solo no está a mi alcance intelectual (que es bien limitado, como yo bien sé), sino que tampoco lo está a mi alcance geográfico, porque hay una serie de detalles muy menudos que se quedan encajonados entre los cerros y no parecen muy dispuestos a cruzar el Atlántico para saciar mi curiosidad de expatriado.
Por esta razón, y por otras, creo que lo primero que se debe hacer frente a esta «crisis de gobierno» (en Europa se llama así a cualquier cambio en el gobierno, no solo a los traumáticos) es respetar la elección del Gobernador de la Provincia. Solo él y nadie más que él puede decidir quién o quiénes lo van a ayudar a gobernar, que en este caso es como decir ayudarlo a tirar de una vaca empantanada.
Y este es un asunto clave, porque el que gobierna es Gustavo Sáenz; todos los demás -incluidos los que ejercen un cargo con el pomposo título de ministros- no son más que sus ayudantes. En muchos casos no pasan de ser auxiliares de fontanero.
En realidad, la raíz etimológica de la palabra ministro la debemos buscar en el latín, idioma en el que esta palabra hoy tan prestigiada era equivalente a sirviente. Ser ministro implicaba servir a gusto del rey. El de ministro era, pues, un oficio servil.
El nombre se siguió conservando aún en las monarquías y repúblicas parlamentarias ajenas al mundo anglosajón. En el Reino Unido y en los Estados Unidos, curiosamente, los auxiliares del Primer Ministro o del Presidente portan el nada desdoroso título de secretarios.
Así que yo considero que los cambios que ha introducido (o se apresta a introducir) Sáenz en su equipo de colaboradores (la saenzneta) son importantes en todos los niveles y no solo en el nivel ministerial. Así que no deberíamos hacer distinciones.
Otra cosa que me gustaría apuntar es que quitar a uno para poner a otro no tiene, en principio, por qué ser interpretado como un castigo o un reproche a la gestión del que deja la cancha. Ángel Di María metió el gol más fantástico de la historia de las finales del mundo y sin embargo terminó viendo el partido -alargue y penales incluidos- desde el banco de suplentes.
Lo que sí veo un poco difícil es que los cambios anunciados vayan a modificar sustancialmente la orientación y el sentido de las políticas del gobierno de Salta. En cierto modo es lógico que suceda así, porque el Gobernador seguirá siendo el mismo, con sus aciertos, con sus errores, y con su «Me va, me va, me va, me va, me va la fiesta, la madrugada, me va el cantar».
A pesar de todo, creo que de algún modo Sáenz ha postergado el necesario shock de eficiencia que su gobierno (y los gobernados) reclaman a gritos. Creo también que, para ganar las elecciones o, al menos, para no ser goleado en su disputado match con las avispas libertarias, el Gobernador debe practicar más cambios, y no necesariamente de nombres.
A veces es una cuestión de estilo y de estilo de comunicación, pues no pueden los redactores de la página web del gobierno decir que Sáenz encabeza una sesión del Consejo Económico y Social cuando este órgano es absolutamente independiente del poder Administrador y el Gobernador no se cuenta entre sus miembros. Mañana, los comunicadores digitales del gobierno podrían decir también que Sáenz presidió un acuerdo de la Corte de Justicia y contribuir así a la confusión general, que en Salta no es poca, precisamente.
Hay que entender que Sáenz no gobierna aquella Salta casi pastoril que le tocó gobernar a Avelino Figueroa o a Robustiano Patrón Costas. Aun la Salta de Miguel Ragone tenía todavía mucho de aldeano y patriarcal. La Salta de la tercera década del siglo XXI es caótica y virtualmente ingobernable. El Gobernador necesita mucho más que buenos colaboradores y, desde luego, muchísimo más que una buena entonación para canturrearle a Julio Iglesias a través de un celular.
Por eso es que yo creo que los cambios scalonianos de Sáenz deben ser interpretados como una estrategia para empatar el partido cero a cero. El Gobernador no ha enviado a la cancha a ningún Lautaro Martínez, pero con los jugadores que tiene en el campo puede todavía -creo yo- salvar la ropa, aunque en sus buenas intenciones se quede un poco lejos de conquistar la gloria.
