Sucede que, desde hace bastante tiempo, el negocio del turismo en Salta no tiene límites claros entre lo público y lo privado. El anterior Ministro de Turismo —uno de los que ahora cuestiona las políticas del gobierno— era una especie de Dr Jekyll y Mr Hyde, propietario o gestor de hoteles, bodegas y otros negocios familiares vinculados con el turismo.
Es evidente, pues, que esta mini-crisis del turismo de verano en Salta tiene más elementos de fantasía estatista que de realidad.
Si los hoteles, los establecimientos gastronómicos, los touroperadores o los propietarios de viviendas de alquiler turístico no han podido hacer su agosto en enero de 2026, en vez de volver la mirada hacia el gobierno y señalarle sus errores o anunciar un inminente apocalipsis turístico, deberían preguntarse si su oferta tiene la calidad o el atractivo que son necesarios para movilizar una masa crítica de turistas que satisfaga a todos.
En Salta es de algún modo posible conocer el gasto público en materia de infraestructuras, actividades culturales o promoción turística. Pero es imposible saber cuánto han invertido los agentes privados en un periodo determinado.
Las políticas y las estrategias del gobierno provincial en relación con el turismo se mantienen estables desde hace años. De hecho, no han variado significativamente entre 2025 y 2026, de modo que no se puede culpar al gobierno de un descenso de la actividad turística que a todas luces tiene otras causas. Desde luego que el gobierno está obligado a revisar sus políticas de promoción (y especialmente las culturales), pero también los agentes privados deben hacer lo mismo y no limitarse a esperar que el gobierno cambie su forma de actuar. Echarle toda la culpa sin admitir fallos propios es el camino más corto hacia al fracaso general.
En los últimos 24 meses se han producido en la Argentina cambios económicos significativos (descenso de la inflación, relativa estabilidad cambiaria, caída del salario real, retracción generalizada del consumo, eliminación de subsidios a los viajes, alteraciones en el humor nacional y en las prioridades y preferencias de los consumidores). Esos cambios pueden haber afectado al turismo de Salta más que al de otras provincias, teniendo en cuenta también los factores estacionales y otros condicionantes geográficos.
No es justo ni razonable pensar que estamos frente a un problema que solo el gobierno debe resolver. Los operadores privados deben modernizarse, invertir e innovar. No pueden aspirar a que el negocio crezca año tras año sin mejorar ni una sola de sus instalaciones, sin inyectar a un ritmo razonable mayor calidad a sus servicios, y, fundamentalmente, sin arriesgarse a perder.