Según el reporte, el hecho enjuiciado ocurrió el pasado 28 de julio en el barrio Autódromo de la ciudad de Salta.
La noticia judicial celebra de algún modo que la mujer haya sido sentenciada y condenada en tiempo record (menos de un mes de la comisión de los delitos), todo gracias al «plan piloto de oralidad» y a las inefables «audiencias flexibles y multipropósito».
Sin embargo, más que tirar cohetes por la velocidad de la condena, habría que preguntarse por la seguridad de la vigilancia electrónica, pues que un preso con prisión domiciliaria pueda quitarse la tobillera sin ninguna dificultad y salir a cometer fechorías debería constituir un motivo de seria preocupación.
El caso es que, una vez en casa ajena, la mujer intentó sustraer un televisor y un celular mientras el inquilino dormía. Sin embargo, fue sorprendida por los propietarios del inmueble, quienes la retuvieron hasta la llegada de la Policía. Cuando los agentes llegaron, el inquilino seguía durmiendo.
Solo cuando la Policía la detuvo, los agentes se dieron cuenta de que la señora no debía estar allí sino en su casa, cumpliendo prisión domiciliaria con monitoreo electrónico. Dice la información de la Corte que la mujer se quitó el dispositivo, pero el inquilino sospecha que los que se durmieron fueron los policías que debían controlar en la pantalla que la mujer no saliera de su casa. O quizá no escucharon la señal de alarma porque estaba piteando la pava del mate.
Al final, se celebró un juicio abreviado porque la mujer confesó los hechos y aceptó su responsabilidad.
El fiscal había pedido una pena de dos meses de prisión efectiva por hurto simple en grado de tentativa y que se declare a la mujer como reincidente por primera vez.
El juez, por su parte, dispuso unificar las penas (la anterior, de 13 meses, y la nueva, de 2) y enviado finalmente a la mujer a la cárcel (ya sin tobillera) durante 1 año y 3 meses.