Al mediático ministro le ha podido más en este caso su amor propio que su impostada inclinación por las mujeres desvalidas y ha salido con los tapones de punta a descalificar las denuncias formuladas por cinco mujeres policías de Orán por supuestos acoso y abuso sexual, maltrato y acoso laboral por parte de algunos de sus superiores, entre los que se incluye al propio ministro Cornejo. En su caso, por presunto abandono de persona.
Probablemente lo más grave de la actitud del ministro (máximo responsable en materia disciplinaria en el área de su competencia) no sea el prejuzgamiento ni la falta de investigación antes de negar de forma contundente los hechos denunciados, sino la descalificación dirigida a la cabo de policía que lo denunció a él, diciendo de ella que «tiene cantidad de denuncias por distintas cosas».
Los hechos denunciados no son banales y obligan a la autoridad a investigarlos en profundidad. Sin embargo, la máxima autoridad del ministerio competente ha preferido defenderse él mismo, antes que brindar cualquier amparo a las mujeres denunciantes.
Parece evidente que al ministro, molesto por la denuncia formulada en su contra, se le ha extraviado momentáneamente la «perspectiva de género» y, sin hesitar, ha salido a negar cualquier autoridad a la denunciante, por el solo hecho de tener -dice el ministro- «cantidad de denuncias por distintas cosas».
El argumento del ministro Cornejo para relativizar la grave denuncia de una mujer policía se parece bastante al de aquellos que al juzgar una violación culpan a la víctima diciendo que «llevaba la falda demasiado corta».
Si el hecho de que una persona tenga una o varias denuncias en su contra la descalifica automáticamente para defender sus derechos, cabría preguntarse si el ministro Cornejo está autorizado a hablar, habida cuenta de que él también ha sido denunciado por las mujeres policías y también por el diputado Orozco.
No está demás recordar que el ministro del gobierno encargado de los asuntos de justicia y seguridad en Salta es además un exjuez con una dilatada trayectoria tanto en la justicia federal como en la justicia provincial. Es, por tanto, insólito que una persona formada en el respeto de los derechos y garantías del proceso penal no respete la presunción de inocencia de los policías (incluido Orozco), atribuya a sus denuncias intenciones perversas y retorcidas que de ningún modo puede probar y saque conclusiones rotundas y apresuradas antes de que el departamento interno correspondiente investigue en profundidad los graves hechos denunciados.
Es igualmente criticable la actitud del medio de comunicación en el que el ministro Cornejo ha formulado sus temerarios juicios, ya que cuando se trata de monjas enfrentadas con el Arzobispo, el mismo medio no duda en ponerse del lado de las subordinadas, a las que considera vulneradas por su condición de mujer. En este caso -y por razones que son fácilmente comprensibles- se ha puesto del lado del que manda, sin importar el sexo de las denunciantes.
