Con su victoria de hoy, Novak Djokovic suma veintiún majors, uno menos que Rafael Nadal y uno más que Roger Federer, sus grandes rivales de la década.
El impredecible Kyrgios jugó un partido aceptable, aunque por momentos se enredó en protestas que le valieron un warning por parte del árbitro. Con un servicio soberbio y que desbordó la potencia del de Djokovic, el australiano puso contra las cuerdas al campeón durante varios pasajes del encuentro. En el cuarto set -que, a la postre- sería el último, Kyrgios disputó un tie-break para el olvido y perdió el partido.
A pesar de las protestas de Kyrgios, el partido se decidió sobre la pista, en donde los jugadores se prodigaron en una variedad de golpes casi infinita. El australiano sobresalió no solo por la potencia de su saque (metió incluso aces con su segundo servicio) sino también por su capacidad de jugar al resto y poner en dificultades a su rival.
Djokovic, por su parte, disputó un partido serio y concentrado, con defensas inverosímiles y ganadores precisos. Al final, la mayor experiencia y el juego regular del serbio le valieron para sacar adelante un partido especialmente difícil.