Por ejemplo, la continua transferencia de conocimientos y saberes desde el centro (preparado y actualizado) hacia la periferia, en donde habitan políticos inexpertos y profesionales mal o insuficientemente formados.
En ninguna parte está escrito que los psicólogos que viven y trabajan en la ciudad de Salta (y que trabajan para el gobierno) sepan más que los psicólogos que viven en estas localidades alejadas de la capital.
La «capacitación» (que no es un intercambio de conocimientos sino una operación de transferencia unidireccional de saberes) debería ofender a los profesionales del sur de la Provincia, pues aunque la formación les resulte provechosa, parte de la errónea base de que los psicólogos residentes en la ciudad de Salta valoran más adecuadamente que ellos la discapacidad intelectual y que ellos -los periféricos- apenas si saben algo acerca del nuevo paradigma de inclusión e integración.
Parece que a los psicólogos de Metán, Rosario de la Frontera, Joaquín V. González y Las Lajitas les ha llegado su Cristóbal Colón.
Habría que preguntarles a los psicólogos de estas ciudades si antes de que desembarcaran en Metán los expertos de la capital ellos sabían algo sobre las etapas del neurodesarrollo y sus características, indicadores evolutivos según el rango etario, alteraciones en el comportamiento, factores de riesgo, tipos de valoraciones e implicancias de los diagnósticos, y sobre la codificación y nomenclatura CIE10.
Tal vez no sabían nada de estas cosas; vivían en un frasco, y fue entonces necesario que vinieran desde Salta a «avivarlos».
O tal vez, los psicólogos de Metán, Rosario de la Frontera, Joaquín V. González y Las Lajitas saben del tema lo mismo que lo que podrían saber sus colegas de la capital y estas reuniones «capacitadoras» son en realidad un intercambio entre profesionales de las ciencias sociales que comparten un mismo bagaje de conocimientos y de habilidades.