La noticia dice que las chanchas atacaron a un perro vivo y que, tras matarlo, se lo comieron. Otras versiones indican que el perro había sido atropellado y que cuando las cerdas le clavaron el diente ya no estaba con vida.
Pero ¿quiénes son estas autoridades insensibles que necesitan del alerta vecinal para tomar medidas contra las chanchas asesinas?
Dice El Tribuno que los vecinos pidieron la intervención urgente de Bienestar Animal o de la Policía, advirtiendo que los chanchos son salvajes y de reacciones impensadas. Hay que subrayar que dos renglones después de calificar a los chanchos de salvajes, se dice que son «animales de corral».
Pero si los porcinos son de criaderos (como los de Urtubey), no son salvajes sino, en todo caso, asilvestrados, que no es lo mismo. Y los chanchos que atacan no tienen «reacciones impensadas» sino impensables por los seres humanos.
El caso es que quien se haya escandalizado por el espectáculo carnívoro en las calles del Barrio Ceferino, no se ha dado una vuelta por la Carta Orgánica Municipal de la ciudad de Salta, cuyo artículo 7º, en sus incisos f), j) y ñ) dice con suficiente claridad que la señora Bettina Romero Marcuzzi debe ocuparse de:
f) Asegurar, en todas sus formas, el derecho de los habitantes a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, manteniendo y protegiendo el sistema ecológico y el paisaje.
j) Determinar las normas relativas a urbanismo, higiene, salubridad y moralidad.
ñ) Reglamentar la tenencia de animales y sancionar todo acto de crueldad que los tenga como protagonistas.
El problema de no ocuparse es que el electorado de la ciudad (no solo del Barrio Ceferino) puede tener, en algún momento, una «reacción impensada» y enviar a la señora Romero a su casa, con un certificado de inutilidad bajo el brazo.

