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  • Cuando la mala comunicación destruye una buena idea
  • Las intenciones del Gobernador de la Provincia de Salta, Gustavo Sáenz, son sin dudas loables. La comunicación de sus ideas, de sus propuestas y de sus logros, en cambio, un auténtico desastre.
Gustavo Sáenz y Juan Zabaleta
Gustavo Sáenz y Juan Zabaleta

Una noticia publicada en el sitio web oficial del gobierno de Salta da cuenta de la reunión que ha mantenido el gobernador Sáenz con el ministro de Desarrollo Social del gobierno federal argentino, señor Juan Zabaleta.


El titular de la noticia es un aviso adelantado precursor del desastre: «El gobernador Sáenz avanza para concretar proyectos productivos y playones multideportivos».

Avanzar es lo normal para cualquier persona con responsabilidad en el gobierno. Especialmente para Sáenz. Lo noticeable sería que Sáenz estuviese estancado con sus proyectos productivos y sus playones multideportivos; que no encontrara dónde rascar un peso.

Más adelante, en el cuerpo de la noticia se puede leer lo siguiente: «El desarrollo de estas acciones posibilitarán la creación de fuentes de ingresos genuinas [sic] a grupos vulnerables, con desarrollo local y fortalecimiento de iniciativas productivas. Además habrá una movilización del mercado interno con la construcción de espacios recreativos, especialmente en el interior provincial».

El primer error de comunicación consiste en anunciar cosas que aún no se han concretado, que todavía carecen de forma y a las cuales no se puede atribuir resultados mágicos de antemano.

Pero encontrar dinero para financiar los proyectos (mérito del gobernador Sáenz) no autoriza a sus comunicadores a divagar ni a dibujar escenarios fantásticos.

Hablar de «ingresos genuinos» significa automáticamente crear la categoría de «ingresos falsos» (fake income) y utilizar esta categorización para llamar a aquellos ingresos que no provienen del ejercicio del trabajo, como si estos fuesen malos, inmorales o delictivos, o no permitieran a quienes los perciben adquirir con ellos exactamente la misma cantidad de bienes y servicios que los que podrían adquirir aquellos que perciben «ingresos genuinos».

Si los proyectos van a reemplazar los «ingresos falsos» con «ingresos genuinos», no hay ninguna esperanza de «motorizar» al mercado interno, pues de cara a un objetivo como este, vale tanto el dinero «falso» como el «genuino».

En segundo lugar, no hay en la noticia del gobierno ningún indicio de que la creación de nuevas fuentes de «ingresos genuinos» vaya a favorecer a grupos vulnerables. Si la ejecución de las obras traen consigo más dinero, más contratos, más licitaciones, más adjudicaciones, lo más seguro es que la mayor parte del dinero vaya a parar al bolsillo de quienes menos lo necesitan, a los circuitos de clientelismo o de corrupción. Ello, sin contar con que la elevadísima tasa de trabajo en negro que tiene Salta (superior al 60%), asegura que dos de cada tres «trabajadores genuinos» serán objeto de la más vil explotación y la más genuina de las desprotecciones.

Y si esos ingresos van a parar al bolsillo de los trabajadores, ¿cómo sabemos si estos son vulnerables o no? ¿Es que acaso ser trabajador en Salta automáticamente significa pertenecer a un grupo vulnerable? Si esto es realmente así, al gobierno debería darle vergüenza.

El «desarrollo social» del que habla la comunicación gubernamental salteña consiste en unos préstamos (Programa Nacional Banco de Maquinarias y Materiales para la Emergencia Social) por la cual el gobierno nacional ayuda con subvenciones a comprar maquinarias, herramientas y materiales necesarios «para la puesta en marcha de proyectos productivos o de servicios». Es decir, para el fomento del más pequeño cuentapropismo. ¿Es esto desarrollo social o solo un parche de emergencia?

Por último, decir que las obras proyectadas, en caso de que finalmente se lleven a cabo, van a «favorecer el reencuentro social y la recreación de la comunidad» constituye una notable exageración. Se trata de objetivos muy ambiciosos cuya consecución demanda serias operaciones de ingeniería social y no la extensión del empleo precario y mal remunerado.

En la noticia del gobierno no hay ningún indicio de que estas obras vayan a generar empleo de mano de obra intensiva, y menos aún de que vayan a «motorizar el mercado interno». Esta última afirmación es todavía mucho más temeraria, desde el momento en que en la práctica totalidad de las localidades en las que se van a ejecutar las obras no existe el mercado, en ninguna de sus formas.

Más que obras de «reencuentro social», lo que necesita Salta es una adecuada comunicación de las ideas del Gobernador.

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