La creación del expediente administrativo digital obliga, desde el vamos, a desarrollar nuevas e innovadoras formas de «cajoneo», porque ya no será lo mismo hacer dormir a los trámites el sueño de los justos dejándolos olvidados en el fondo de un armario o en el cajón del funcionario de turno, que invisibilizarlo «en la nube», donde quién más quién menos puede enterarse de su estado.
Además, se va a privar a ciertos funcionarios pirómanos del placer morboso y prohibido de incinerar los expedientes en los periódicos «expurgos», que se convocan como verdaderas ceremonias demoniacas, especialmente en el ámbito del Poder Judicial.
Todo ello viene unido al apreciable descenso de la tirada de los diarios de papel, paulatinamente sustitiuidos por sitios digitales de noticias. La reducción del papel de diario está poniendo en crisis el packaging de los huevos en el Mercado San Miguel y en caracterizados almacenes de la periferia.
Además, este fenómeno editorial reduce apreciablemente los recursos en algunos baños públicos en donde el papel higiénico es un lujo. Sucede algo parecido en algunos hogares en los que los dueños de casa son de la opinión de que los diarios locales solo sirven para eso.
Los más suspicaces relacionan toda esta estrategia de despapelización con la estruendosa quiebra de Celulosa Argentina, empresa gestionada por uno de los hermanos del exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
Sea como fuere, la desaparición del papel en el Estado supone la muerte civil de Flora, la mítica empleada pública a la que dio vida el inmortal Antonio Gasalla.
