Pero hoy, a cinco años de aquella pesadilla, los curas de Salta no quieren ser menos que el Intendente Municipal, y así como hay un programa «La Muni en tu barrio», los sacerdotes han salido a la palestra con un programa «El Señor del Milagro en tu barrio». Si el Intendente lucha contra los microbasurales, el Arzobispo debería luchar contra las microprocesiones.
Se trate o no de réplicas de bajo coste (de un Señor y de una Virgen del Milagro low cost), no parece lo más piadoso ni lo más respetuoso del mundo hacer pasear a las imágenes sustitutas en las cajas de camionetas, con curas que van montados arriba desparramando bendiciones como quien arroja flores desde una carroza en el corso.
El solemne paso del Señor del Milagro por las calles siempre ha sobrecogido los corazones. Verlo montado en una camioneta, rodeado de infernales (cuando debiera estar acompañado de ángeles celestiales), amontonado como un peón que se acarrea a la finca, en lugar de emocionar y sobrecoger, destroza los corazones de los feligreses.
Además, según se ha sabido, para obtener la visita de «imágenes peregrinas» hay que enviar un mensaje de WhatsApp para que el encargado catedralicio del desfile anote en su lista al barrio que desea ser «peregrinado». El procedimiento es el mismo que para avisar de la rotura de un caño en la esquina. Tristísimo.
Pero no solo eso. Ayer se ha sabido que para que los empleados públicos que trabajan en el Grand Bourg, que tranquilamente pueden acercarse a la Catedral a implorar en persona la protección de sus Santos Patrones, puedan recibir las bendiciones a pie de escritorio, «se requiere la colaboración del agente/feligrés con una donación de alimentos no perecederos y claveles».
Es decir, que la visita a domicilio del Señor y de la Virgen del Milagro «B» ya no es gratuita. Ahora se requiere que el «peregrinado» aporte a la Catedral alimentos y claveles. Mañana pueden ser también útiles escolares, o prótesis.
Los claveles que adornan los pies de las Sagradas Imágenes siempre han sido proporcionados y arreglados por las señoras pichuchis del centro. Ahora resulta que son los pobres de las periferias los que suministran los claveles para que los disfruten los ociosos y las ociosas del centro.
La esencia filosófica de las peregrinaciones consiste precisamente en que el objeto de culto permanece fijo e inmóvil en el lugar de su adoración. Son los adorantes los que se desplazan para venerarlo. Nunca al revés.
Por tanto, el hecho de que imágenes alternativas del Señor y de la Virgen del Milagro «se muevan» como falsos nueves, en lugar de que lo hagan los feligreses, no solo desnaturaliza la fiesta, sino que está promoviendo el sedentarismo católico, potencial causante de graves enfermedades sistémicas, articulares y cardiovasculares, sin contar con el daño espiritual, que es ingente.
¡A mover el culo señores empleados y funcionarios! Por dignidad cristiana y por salud, rechacen la visita de esas imágenes apócrifas y acudan caminando desde La Loma hasta la Catedral. 25 cuadras no le hacen mal a nadie. No conviertan a nuestros Santos Patronos en aliados y cómplices de la burocracia estática.
¡Ah! Y háganlo gratis. Ni el Señor ni la Virgen del Milagro (los verdaderos) le pedirán nunca que echen la mano al bolsillo, por muy noble que la causa fuere. Acuérdense que Macri –si es que alguna vez vuelve por estos valles– debe llevarse de aquí «el rostro de la pobreza». No lo defraudemos.

