La Policía de Salta se ha convertido desde hace algún tiempo en un gran «receptor». Del gobierno recibe patrulleros, colectivos, impresoras, iPads, biromes, motos, cascos y protectores de rodillas; de las patotas de los barrios recibe agresiones del más variado tenor, y de algunos visitantes en las comisarías «recibe» sándwichs de marihuana destinados para los presos.
En esta «entrega» de La Caldera, llama la atención, en primer lugar, las características de la moto, que nos estaría indicando que los delincuentes caldereños no son muy de andar por el pavimento que digamos.
Al parecer, cuando ponen los pies el polvorosa, los malvivientes se internan «de forma peatonal» en terrenos vírgenes y montañosos en los que se hace muy difícil su persecución en cuatro ruedas normales y silvestres. O drones (como Putin) o motos.
Otro detalle para destacar es que para entregar una moto se ha tenido que desplazar hasta La Caldera el mismísmimo Secretario de Estado de Seguridad, que bien podría haberse quedado en su despacho a solucionar asuntos más importantes, y dejar que la moto sea transportada por algún sargento amante de los fierros (de este tipo de fierros) que haya demostrado alguna habilidad para tomar esas peligrosas curvas del camino de cornisa.
Pero es que el secretario Avellaneda no fue solo. Se llevó consigo a la subcomisaría de La Caldera esa tarima de oradores de madera que aparece en la foto (que tiene el escudo provincial tallado en su parte delantera), para seguramente pronunciar desde allí una alocución alusiva a la trascendental «entrega». ¡Moto que me hiciste mal y sin embargo te quiero!
Finalmente, no ha dejado de llamar la atención el póster azul (¿de qué otro color iba a ser?) que cuelga en las paredes de la galería de la subcomisaría.
Parece que el cartel no fue confeccionado en los talleres de «laborterapia» de la repartición sino en alguna escuela de la zona, por alumnos o maestras que no tomaron bien las medidas de la inútil palabra BICENTENARIO (¡doce letras!), en relación con las estrechas dimensiones del lienzo azul sobre el que la estaban estampando.
Decimos «inútil» porque arriba ya dice 200 años, que es exactamente lo mismo.
Es como si en un procedimiento contra las drogas la Policía despliega una bandera con las leyendas 2.000 kilogramos y Dos Toneladas una encima de la otra.
El mismo póster incluye la enternecedora figura de dos policías infantiles (una niña y un varón) saludando orgullosos el paso del tiempo a través de sus uniformes.
Completa el cuadro una no menos infantil girnaldita de triángulos azules y blancos, que hace pensar que el cartel fue inaugurado en una «fiestita» en la que los policías fueron agasajados con sándwichs triples, Fanta y chizitos.
¿Habrá participado de ella el secretario Avellaneda?