Todo esto se producía el mismo día en el que llegaban de Buenos Aires los perros federales especialmente entrenados para detectar restos humanos en la tupida selva.
Según se ha puesto de manifiesto en una audiencia judicial que se ha celebrado hoy ante órganos federales de Salta, el Perro Tolaba y sus secuaces (entre los que se encuentra una cautivante belleza del trópico) se proveían de droga en Aguas Blancas. ¡En dónde más, si no!
Quien más quien menos sabe que el litio es el segundo polvo blanco en importancia en la composición del Producto Interior Bruto de Salta.
Desde la incontrolable ciudad fronteriza, el bellezón de labios chinescos trasladaba la «merca» a Orán y más tarde a la ciudad de Salta. Eso es lo que dicen las autoridades que entienden en el asunto.
Pero la detención del Perro y de su novia modelo no fue muy complicada, según informa la prensa salteña. Lo que requirió que la autoridad federal se empleara a fondo fue la detención de los secuaces, que viajaban por detrás de la pareja a bordo de un Citroën C3, al comando de un tal Romero.
Cuando Romero vio que el Perro y su espectacular novia oranense eran detenidos, intentó volver por donde había venido y aceleró su vehículo hasta alcanzar los 180 kilómetros por hora.
Como en las películas, el coche de Romero fue perdiendo partes de su carrocería mientras alcanzaba la velocidad del sonido. En tales condiciones, el fugitivo tomó la ruta nº 112, con rumbo a Jujuy, mientras tenía a los federales pisándole los talones, desfigurados por la velocidad.
En plena persecución, los agentes vieron cómo Romero y sus acompañantes arrojaban a un costado los paquetes de droga. Con 15 kilos menos a bordo se viaja mucho más rápido.
La autoridad pudo determinar que el Perro y la modelo eran piezas claves de la organización traficante. Todos permanecen detenidos. Romero y la novia en prisiones comunes, el Perro en el centro municipal de adopciones Matías Nicolás Mancilla de la calle Gato y Mancha.