Los responsables de la broma han sido expulsados del colegio al que asistían, poco después de que se supiera que los incautos que ingirieron la torta envenenada habían requerido asistencia médica por presentar síntomas de intoxicación.
Pero más llamativo que esto último es el hecho de que la novedad «sorprendió» a los padres de los adolescentes que prepararon la torta.
¿Sorpresa? ¿De dónde sacaron el Clonazepam los chicos? A menos que en las farmacias de Salta vendan las pastillas como si fueran chicles, para conseguirlas, los adolescentes envenenadores deben de haber tomado por asalto el pastillero de sus padres. ¿De dónde más podrían haber sacado este medicamento?
El problema se ha trasladado ahora a las reposteras de Salta, que juran y rejuran por sus antepasados fallecidos, que nunca han envenenado ni engualichado una torta. Ninguna admite haber preparado un muffin de marihuana, o unos cañoncitos de semillas de amapola. «A lo sumo, hemos escatimado el huevo y abusado del colorante, pero eso no es delito».
Según se ha sabido, ni el colegio ni los padres de los intoxicados han formulado denuncia de los hechos. Tampoco se sabe si ha habido una intención criminal, o si simplemente se trató de una Bromazepam de mal gusto.