Si bien son pueriles, las razones esgrimidas por los legisladores revelan su escasa tolerancia hacia las posturas discrepantes. Dicen que Sáenz «utilizó» el acto de Güemes para criticar las políticas del gobierno nacional. Los tres -Zapata, Orozco y Moreno- interpretaron el discurso de Sáenz como un insulto. Pero ¿por qué no se dio por ofendida la Vicepresidente la Nación?
Sáenz tiene derecho a hablar y actuar políticamente, aun con Güemes de por medio. Si Jesucristo no impide al Papa hablar de política en el Vaticano, ¿por qué razón debería ser Güemes la excusa para silenciar al Gobernador de Salta?
En la Cámara de Diputados de la Nación, donde Zapata, Orozco y Moreno son minoría, los tres tienen que escuchar a diario críticas al gobierno que ellos apoyan. ¿La solución también es darse por ofendidos y retirarse del recinto?
Si un diputado nacional no está preparado para escuchar opiniones discrepantes y críticas políticas, y si a la más mínima reacciona como un verdulero y no como un representante del pueblo, es que no está preparado para ser diputado nacional.