Con esta declaración, la Iglesia amplía la lista de «graves violaciones» a la vida humana y reflexiona en profundidad sobre cuestiones como la teoría de género, la gestación subrogada, el cambio de sexo, la pobreza extrema, la discriminación hacia la mujer, la guerra, la trata de personas, los abusos sexuales, la poligamia, el «descarte» de personas con discapacidad o la «violencia digital».
En palabras de la oficina de la prensa de la Santa Sede, el nuevo texto «contribuye así a superar la dicotomía existente entre quienes se concentran exclusivamente en la defensa de la vida naciente o moribunda olvidando muchos otros atentados contra la dignidad humana y, viceversa, aquellos que se concentran solo en la defensa de los pobres y migrantes olvidando que la vida debe ser defendida desde la concepción hasta su conclusión natural».
Tras una explicación teológica de la dignidad de la persona y sus principios fundamentales, el texto incorpora, como novedad, una lista de «algunas graves violaciones de la dignidad humana», que recoge «todo lo que es contra la vida misma, como cualquier tipo de homicidio, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario»; pero también «todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas infligidas al cuerpo y a la mente, las coacciones psicológicas».
La teoría de género
Aunque comienza con la reafirmación de que hacia las personas homosexuales se debe evitar «todo signo de discriminación injusta y particularmente toda forma de agresión y violencia», y denuncia «como contrario a la dignidad humana» el hecho de que en algunos lugares estas personas «sean encarceladas, torturadas y incluso privadas del bien de la vida únicamente por su orientación sexual», el documento pasa a criticar la teoría del género, a la que califica como «extremadamente peligrosa porque borra las diferencias en la pretensión de hacer a todos iguales», y más adelante como un intento de «colonización ideológica».Aun sin haber conocido el texto de la reciente sentencia de la jueza salteña María Carolina Cáceres Moreno (quien hasta el momento no ha podido conseguir el WhatsApp del Papa Francisco), el documento de la Iglesia recuerda que la «vida humana, en todas sus componentes, físicas y espirituales, es un don de Dios, que debe ser acogido con gratitud y puesto al servicio del bien. Querer disponer de sí mismo, como prescribe la teoría del género... no significa otra cosa que ceder a la antiquísima tentación de que el ser humano se convierta en Dios».
Según el Vaticano, la teoría del género «quiere negar la mayor diferencia posible entre las entre los seres vivos: la sexual». Por tanto, «debe rechazarse todo intento de ocultar la referencia a la evidente diferencia sexual entre hombres y mujeres».
El texto también lamenta que «en los intentos que se han producido en las últimas décadas de introducir nuevos derechos» han dado lugar «a colonizaciones ideológicas, entre las que ocupa un lugar central la teoría de género».
Aunque no hace una referencia explícita a la cuestión del matrimonio homosexual, en la rueda de prensa en la que se ha presentado la declaración en la Santa sede, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, sí que ha explicado que en el contexto que marca el documento, «el matrimonio gay y los intentos de eliminar las diferencias [entre hombre y mujer] no son aceptables».
También es negativo el juicio sobre el cambio de sexo, que «por regla general, corre el riesgo de atentar contra la dignidad única que la persona ha recibido desde el momento de la concepción» aunque «esto no significa excluir la posibilidad de que una persona afectada por anomalías de los genitales ya evidentes al nacer o que se desarrollen posteriormente, pueda elegir recibir asistencia médica con el fin de resolver dichas anomalías».
