La información oficial dice que «los chicos» podrán «ascender» a las unidades, acompañados por un mayor responsable «que sí abonará boleto».
Los niños pueden «ascender», pero ¿qué sucedería si se les ocurriera «descender»? La omisión informativa de Saeta parece condenarlos a quedarse encerrados en los colectivos.
Hay que preguntarse por qué motivo, si los chicos que van a la escuela pueden viajar solos con su tarjeta, (un chico o una chica de 12 años perfectamente pueden viajar solos, aunque no vayan a la escuela), el día de Reyes tienen que ser obligatoriamente acompañados por un adulto. Si ese día no consiguen quien los acompañe ¿tienen que pagar su boleto? Sería injusto que así ocurriera.
Por otro lado, la exigencia de un «mayor responsable» queda a criterio de los colectiveros, cuando cada acompañante debería portar un certificado de «responsabilidad» extendido por las psicólogas del Poder Judicial, después de un curso de «perspectiva de género».
¿Qué ocurre si el adulto acompañante es un tremendo irresponsable? En tal caso, ¿los niños tendrían que abonar su boleto?
Por último, se plantea la duda de si el acompañamiento adulto es por cada niño que «ascienda» al colectivo o si el acompañante puede hacerse cargo de un grupo grande de niños.
Si un solo acompañante pudiera subir con veinte o treinta chicos al colectivo, el negocio de Saeta se iría al garete. ¿Un solo boleto para 31 personas? Las cuentas no cierran, teniendo en cuenta lo que cuestan los neumáticos, los repuestos y el convenio colectivo de la UTA.
Para el próximo año, en lugar de sacar a pasear a los más pequeños en sus barrosas unidades, Saeta debería pensar en construir unos trineos con capacidad máxima de seis pasajeros, conducido por un chofer de la UTA vestido como Papá Noel. Aunque se puede discutir la gratuidad del servicio, al menos tendría la ventaja de que los trineos no se atascarían en el barro como lo hacen los colectivos en algunos barrios periféricos.
