En el referéndum anterior de 2022 la propuesta constitucional había sido impulsada por la izquierda en torno al presidente Gabriel Boric y fue rechazada por el 62% de los votantes.
"Hay un cansancio constitucional", sentenció el senador Javier Macaya, figura central de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI), abandonada hace años por Kast para formar su propio partido, Los Republicanos.
"Chile no quiere cambios constitucionales, y tampoco refundaciones. Y hay algo muy relevante, se ratifica por segunda vez la Constitución vigente. La izquierda ha sido derrotada en su anhelo histórico de cambiar la Constitución", ha dicho.
El resultado desnuda una acumulación de fracasos. El de Kast, porque dispuso ya no de una mayoría absoluta, sino de una mayoría especial en el Consejo Constitucional: en vez de aprovecharla para integrar, salió adelante con un texto que fue incluso excesivo para una sociedad mayoritariamente conservadora como lo es la chilena.
Kast tuvo en sus manos la oportunidad de escribir nada menos que la Constitución, pero la perdió. Aunque no todo fue su responsabilidad. A su derecha, que ya es decir bastante, surgió el senador José Manuel Rojo Edwards instando a votar en contra, lo mismo que proponía la izquierda.
Pero la izquierda es también perdedora, porque lo que celebra este domingo es la supervivencia de la Constitución de Pinochet, aquella que estaba llamada a enviar al arcón de los recuerdos.
El resultado de este domingo marca por lo menos una pausa en el proceso político desatado a partir del estallido social de octubre de 2019. La izquierda instaló exitosamente la idea de que en la Constitución estaban todos los problemas del país, y que en una nueva Carta Magna se encontrarán las soluciones. Dos plebiscitos, dos derrotas. Una de la izquierda, la otra, de la derecha. Es el péndulo político chileno, cada vez más acelerado y enloquecido.
Fuente: El Mundo