Llamativamente, a esta inauguración no acudió el Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología del gobierno provincial, sino su homólogo de Economía y Servicios Públicos, probablemente porque en su juventud estuvo vinculado al fallido experimento de la Escuela de Administración Pública, que constituye el germen de esta universidad fantasma, que en pocos años ha pasado de impartir sofisticados cursos con pretensiones de autoridad política a ofrecer carreras breves para ajustar tuercas y hacer crecer plantas.
Probablemente a este último acto -innecesario como casi todas las «entregas» del gobierno- debería haber asistido el Ministro de Economía, pero en su lugar lo hizo el de Educación, como para que los pizarreños «aprendan» en qué consiste la buena demagogia.
Mañana, el Ministro de Seguridad y Justicia acompañará al Gobernador a inspeccionar los hospitales, mientras que el Ministro de Salud Pública presidirá los actos en el «patio de armas» de la Policía. Al fin y al cabo, son ellos los que deciden cómo se aplica la ley provincial 8171, orgánica del Gobernador, Vicegobernador, Ministros y Secretario General de la Gobernación, Secretarios de Estado y Subsecretarios de Estado, que es la que define de lo que se ocupa cada uno.
No nos debería llamar la atención que estos señores envíen a la Legislatura un proyecto de ley para reformar el artículo 8 de la ley 7546, para incluir entre los fines de la educación provincial, al lado de la erradicación del analfabetismo y el fortalecimiento de la centralidad de la lectura y la escritura, el manejo básico de maquinarias pesadas.
Sería esta una buena forma de justificar que el Ministro de Educación desaparezca de los actos que son de su competencia y aparezca en otros que nada que ver.
