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  • Nuevas tecnologías y protección civil
  • Las 14.26 del domingo 3 de septiembre de 2023 serán recordadas por mucho tiempo por los casi siete millones de personas que viven en la Comunidad de Madrid y los que circunstancialmente se hallaban dentro de sus límites.
Tormenta en la zona norte de Madrid, vista desde el aeropuerto de Barajas
Tormenta en la zona norte de Madrid, vista desde el aeropuerto de Barajas

A esa hora, los teléfonos móviles de todos empezaron a vibrar alocadamente y a emitir un sonido estridente, sin que nadie supiera qué estaba pasando en realidad.


Los que pudieron mantener la calma, vieron en sus pantallas un mensaje de alerta de protección civil de la Agencia de Seguridad y Emergencias 112, que anunciaba que la Comunidad de Madrid, en su totalidad, se encontraba en el Nivel 1 del plan de inundaciones y pedía a los ciudadanos permanecer en sus domicilios.



Madrid se encontraba el domingo en riesgo extremo de tormentas y se esperaba que cayera una cantidad de agua nunca vista. Aunque las previsiones no se cumplieron del todo, el estreno del servicio ES-ALERT (que desde el pasado mes de junio permite enviar mensajes de este tipo a todos los teléfonos móviles de un área determinada) no pudo ser más polémico.

Muchos -la mayoría- consideraron que, a pesar del tremendo susto, el aviso fue útil y oportuno. Otros, en cambio, se quejaron hasta del tipo de letra empleado en el mensaje, por no mentar a quienes maldijeron a los meteorólogos por su poco acierto, ya que las lluvias del domingo no fueron -al menos en el centro de Madrid- tan catastróficas como lo habían predicho.

El pitido y la vibración de los teléfonos no solo se percibió en la intimidad del hogar sino que se extendió a todo el vecindario, como ocurre a veces cuando la Selección mete un gol y el grito hace temblar las paredes y se escuchan los pataleos de los vecinos de todo el barrio.


Nadie sabía cómo hacer para que el teléfono dejara de vibrar y de sonar como si se acabara el mundo. Fue una experiencia inédita; la demostración palpable de que la tecnología de los teléfonos celulares ha dejado atrás definitivamente las antiguas formas de alertas colectivas, como las sirenas, los avisos por radio o las pizarras de los diarios.

Hoy se ha sabido que no fue fácil tomar la decisión de enviar el mensaje de alerta. Hizo falta activar un complejo protocolo de emisión que -según el diario El Mundo- recuerda al lanzamiento de misiles en los submarinos nucleares durante la Guerra Fría, que precisaba de dos operadores con dos llaves distintas para ejecutar la orden.

En algunos pueblos del suroeste de la Comunidad la gran tormenta ha provocado destrozos muy importantes y personas desaparecidas a las que todavía se busca. En Toledo, ciudad que dista unos 70 kilómetros de Madrid y que pertenece a la Comunidad de Castilla-La Mancha, ha habido que lamentar la muerte de varias personas.


Recuerdos de una era superada

Después de la tormenta y del alerta en los móviles, todos hemos aprendido algo. Algunos recuerdan otras grandes tormentas del pasado pretecnológico, que podrían haberse gestionado mejor si hubiéramos tenido entonces la posibilidad de avisar del riesgo a casi toda la población, como tenemos ahora.

Por acordarme de algo, mi memoria me transportó a mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando en Cerrillos caían unas tormentas bíblicas durante los primeros días de enero, que inundaban todo el pueblo y provocaban no solo grandes trastornos, sino la pérdida de vidas humanas, como la de un señor al que la riada le derrumbó su vivienda de adobe, que no se alzaba en un paraje perdido, sino en el centro mismo del pueblo, sobre la calle principal.

Pero -aunque no tan lamentables- las desgracias eran extensas, porque a mucha gente humilde el agua embravecida se llevaba en dirección de La Isla algunos elementos domésticos imprescindibles para vivir, como las garrafas, que mucha gente no tenía la precaución de atar. Quien estas líneas suscribe llegó a ver en aquellas inundaciones heladeras y camas arrastradas por la corriente.


No estaría mal que la autoridad que dirige la Defensa Civil en Salta desarrollara un protocolo de comunicación de riesgos a toda la población a través de las antenas celulares; no solo para las inundaciones y las brutales crecidas de los ríos, sino para avisar de la llegada del Zonda y -Dios no lo permita- para evitar males mayores en caso de que se produjera un terremoto.

Solo se me ocurre pensar que si algo como esto existiera en Salta, tendríamos que inventar algo así como un maletín nuclear, con botón rojo incluido, pues en tiempos de auge del populismo, no es descabellado pensar que una tecnología como la de ES-ALERT pueda ser empleada por algún vivillo para enviar mensajes proselitistas.



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