«Para analizar la carne en cuestión, es necesario recurrir al producto previo a su elaboración ya que la tarea se hace imposible cuando la carne ya está procesada y ‘enmascarada’ con especias y hasta, en algunos casos, productos colorantes que alargan la vida útil del producto».
Lo que quiere decir que una vez que se le echa el pan rallado (o el aserrín) a la milanesa, se extingue la competencia administrativa de la autoridad bromatológica, ya que esta solo puede analizar la carne a pie de vaca.
Por la misma regla de tres, si alguien prepara empanadas con carne que lleva tres meses vencida, el gobierno dirá: ¡Ah no! Una vez que la carne está mezclada con la papa, el huevo, la cebolla verde y el ají molido, ya no se la puede analizar. Al parecer, una vez que el músculo vacuno se ha convertido en milanesa (o en empanada), ya no hay nada que se pueda hacer para determinar su estado sanitario. Ni los microscopios ni los reactivos químicos del Programa de Bromatología del gobierno reaccionan frente al perejil, al ajo, la pimienta, o incluso frente a los colorantes, que en Salta no solo sirven para modificar el aspecto de los alimentos, sino -que según el gobierno- «alargan la vida útil del producto».
Esto de no saber si una milanesa está o no podrida por el «engaño» que supone el uso de aditivos en su preparación nos está alertando de la poca capacidad de análisis de la autoridad encargada de la seguridad alimentaria en Salta. Todo parece indicar que a menos que las milanesas estén hechas «unas babas» (es decir, que presenten serias deficiencias a la vista o al olfato) no se las va a retirar de circulación, porque una vez que la carne está «procesada» prácticamente no hay nada que hacer.
Milanesas de hayacuchillo
Aunque las milanesas fuesen preparadas con las vísceras más baratas de los animales, es prácticamente imposible vender un sandwich por 60 pesos y obtener algún beneficio.La leyenda popular que habla de milanesas de perro y hamburguesas de carne de rata es solo una leyenda, pues por mucha abundancia de perros y roedores que haya en la ciudad y en sus alrededores, el costo económico de su procesamiento alimentario hace desaconsejable su utilización en este tipo de comidas. Afortunadamente, siempre ha sido más barato acudir a una carnicería que salir a cazar perros vagabundos.
Antes de sospechar de la calidad de la mercadería solo por el precio, lo que corresponde es analizar el alimento con métodos científicos rigurosamente contrastados y no inhibirse de antemano diciendo que, una vez preparada, ya no se puede distinguir analíticamente si la carne es buena o está podrida.