Pero ¿a quién se le ocurre que con la que está cayendo se pueda abrir el grifo a la hora que a uno le dé la gana con la esperanza de obtener un chorro potente y cristalino?
A partir de ahora, los ciudadanos de Salta deberán adecuar sus hábitos intestinales al cronograma de cortes de Aguas del Norte y usar el retrete solo en los horarios programados por la autoridad.
La empresa que preside García Salado parece haber renunciado a abastecer de agua a los barrios más castigados mediante el uso de camiones cisterna. Los técnicos de esta empresa han recomendado a los vecinos que caven un pozo en el fondo de la casa, en la seguridad de que Aguas del Norte les va a servir periódicamente un par de metros cúbicos de ripiosa para que los moradores puedan echar al pozo, cada vez que realizan una «ofrenda» a la madre tierra.
Para García Salado, no hay motivo para cortar calles y rutas por no tener agua. Si por el presidente de Aguas del Norte fuera, mucho más productivo sería que los vecinos afectados se disfracen de indios y dancen en zig zag para que llueva. No importa que las temperaturas superen los 40 grados a la sombra. Las protestas son inútiles. El agua no se puede fabricar.
“Nosotros tenemos licitaciones adjudicadas y todavía no conseguimos que nos manden desde Buenos Aires los elementos necesarios para todo esto. Hoy nadie quiere vender, pero no porque no paguemos, sino por el tema de los precios”, ha dicho García Salado, sin explicar de ningún modo por qué un vendedor «adjudicado» se niega a vender, sin incurrir en una grave responsabilidad contractual.
El problema, evidentemente, estriba en la «estupidez» de esa gente que se empeña en tener agua las 24 horas. Son estas personas insolidarias, mezquinas, individualistas y de mentalidad cerrada las que están armando alboroto alrededor de algo que forma parte de nuestras señas de identidad: el tener que echar una palada de arena sobre nuestras propias heces, tal como se hacía en los carnavales cerrillanos a finales de los años sesenta del siglo pasado.